Masculina y Femenino

¿Has escuchado alguna vez la afirmación “los hombres no lloran”? ¿Y has podido observar cómo se mira con asombro, y a veces con rechazo, a una mujer fuerte y agresiva? En nuestra cultura hay estereotipos o roles que les son asignados a los hombres y a las mujeres. Y aunque estamos avanzando mucho en el siglo XXI, todavía hay que vencer muchas de las creencias que tenemos todos como sociedad.

Estas creencias, transmitidas de padres a hijos, y a través de la sociedad, nos dicen que los hombres deben ser fuertes, racionales, analíticos, competitivos, con iniciativa, decisión, autoridad, firmeza, y agresividad en algunos aspectos. Por tanto, a los hombres que muestran tristeza o lloran se les tacha de débiles y vulnerables, con lo que, muchos de ellos, tratarán de esconder estas emociones. Y estas mismas creencias nos dicen que las mujeres son sensibles, intuitivas, acogedoras, empáticas, volcadas en las necesidades de los demás,
débiles y vulnerables. Por tanto, las mujeres que se muestran fuertes y autosuficientes, o se enfadan, les añaden adjetivos negativos, como que son egoístas, y se las rechaza, con lo que algunas de ellas se sentirán culpables por no haberse reprimido. Es más, si un hombre consigue éxito, se le felicita, se le llama líder, pero si es una mujer la que lo consigue, se sospecha de cómo lo ha conseguido y se le llama mandona y/o controladora.

Debemos darnos cuenta de que todos, hombres y mujeres, tenemos dentro de nosotros cualidades masculinas y femeninas, lo que algunas personas llaman “parte masculina” y “parte femenina”. Todos somos seres emocionales, y, por tanto, todos podemos ser fuertes, firmes, autosuficientes y asertivos, y a la vez, sentir tristeza ante las pérdidas, ser empáticos, sensibles, intuitivos y acogedores. Todo depende de la situación en la que estemos. Un ejemplo claro puede verse en los hombres que tienen profesiones sanitarias. En ellos se ve muy claro la “parte femenina” de acogimiento, cuidado, ternura, sensibilidad, y no se les tacha de vulnerables. Y también podemos verlo en las mujeres con profesiones
jurídicas. Tienen muy desarrollada su “parte masculina” de autoridad, seguridad, fuerza y asertividad, sin que por eso dejen de lado sus cualidades de mujer.

Es importante tener todo esto en mente en la educación de los niños de este siglo, para que todas esas creencias del pasado evolucionen hacia la realidad presente. Y también, tener claro que la rabia nos da energía para cambiar cosas o situaciones, y que la tristeza nos quita energía para poder entrar en nuestro interior y aceptar lo que no podemos cambiar. Estas dos emociones son propias del ser humano, sin distinción de género.