Minutos de Sabiduría

En este apartado quiero compartir con vosotros los artículos que estoy publicando, así como a los autores con los que he aprendido a conocerme mejor y seguir en crecimiento personal.

Espero que mi artículo de Junio 2017 te ayude a ver que eres maravilloso/a tal como eres. ¡Disfrútalo!

“¡Sé tú mismo!

Ahora que hace buen tiempo, apetece salir con amigos a charlar, tomar algo, bailar, o lo que surja. Es estupendo tener amigos/as con los que hablar y poder contar con ellos para lo bueno y lo no tan bueno.

Sin embargo, hay personas que, cuando están con sus amigos, se comportan de una manera que no corresponde a como son en realidad. Son personas que no se valoran a sí mismas y, por tanto, no creen que sean lo suficientemente buenas o interesantes para mostrarse con los demás tal como son realmente. Entonces se comportan como si llevaran una máscara e interpretaran un personaje, diciendo y haciendo lo que intuyen que los demás esperan que ellos digan o hagan. Quieren gustarle a todo el mundo. Pero realmente son infelices y sienten vacío en su interior.

¿De dónde les puede venir esto? Cuando han sido pequeños, han aprendido por educación familiar o en el colegio a tener un yo social diferente al yo auténtico. ¿Cómo se formó el yo social? De pequeños, al ser ellos mismos, lo que querían era jugar y no seguir reglas. Pero para evitar regañinas y castigos, se adecuaron a lo que les pedían los mayores, para ser queridos. Luego crecieron y siguieron actuando igual. Tienen miedo a ser ellos mismos, por si son rechazados. Entonces, para ser aceptados y queridos, se callan lo que ellos quieren, y hacen lo que ellos piensan que los demás esperan de ellos.

Si a ti te pasa algo parecido, debes saber que no es necesario complacer ni agradar a todos, además de que es imposible caer bien a todo el mundo. Lo realmente importante es lo que de verdad eres, no lo que aparentes ser. Ten en cuenta que no podrás tener amigos de verdad mientras no te conozcan tal como eres. En la medida en que conectes contigo mismo, irás conociéndote, averiguando lo que te gusta o no, lo que quieres o no hacer, y actuarás en consecuencia. Y podrás comprobar que los verdaderos amigos te aceptarán tal como realmente eres.

¡Adelante! Muestra esa maravillosa persona que tienes en tu interior. No necesitas ponerte ninguna máscara ni disfraz para agradar a nadie.”

 

En mi artículo de Mayo 2017 hablo del esfuerzo que hay que hacer para poder conseguir los buenos resultados con los estudios. ¡Espero que os sirva!

“¡Adelante!

Mayo es un mes de esplendor de primavera: sol, buen tiempo, días más largos… Y también es un mes de preparación de exámenes. Los niños preparan los exámenes finales de la E.S.O., los adolescentes preparan la selectividad y los universitarios preparan los exámenes finales de cada curso. Es el momento de ver los resultados de todo el curso, de conseguir el premio al esfuerzo invertido.

Tanto si tienes a alguien cercano en esa situación como si tú estás de exámenes, podrás darte cuenta de lo difícil que es dedicar un tiempo extra a estudiar cuando ya estás cansado/a después de todo el curso, y fuera hace un tiempo estupendo que invita a todo menos a encerrarse con libros o apuntes. Es importante poner la atención en que es un último esfuerzo para poder descansar en verano. Si te centras en lo cansado/a que estás del curso o en que podrías estar saliendo con amigos o distrayéndote con el ordenador o el móvil, puede que todo el esfuerzo que has llevado a cabo durante el curso no dé el fruto que deseas. Piensa que es un esfuerzo importante para conseguir, por un lado el bienestar (algunas veces por ti y las más por tus padres) de haber conseguido aprobar el curso, y por otro lado, poder llegar al verano libre de estudios, para poder disfrutarlo más intensamente. ¡Vale la pena!

Y si tu caso es el de alguien que está estudiando oposiciones, puede que necesites motivación extra para poder ponerte todos los días a estudiar, sobre todo si aún no sabes cuándo va a ser el examen. Quizás has empezado a estudiar con muchas ganas y mucha fuerza, pero llega un momento que te empiezas a cansar y a preguntarte si de verdad merecerá la pena tanto esfuerzo. Si has empezado a pensar eso, ten cuidado, ya que, si tú no crees que vas a conseguir tu objetivo, tu cerebro dice: “para qué voy a hacer un esfuerzo si no lo voy a conseguir”. Y es que si creo que tengo pocas posibilidades de conseguir algo, no voy a poner recursos para ello. Seguro que, cuando empezaste a estudiar las oposiciones, sí creías que podrías conseguirlo, si no, no habrías empezado. Ahora, en vez de agobiarte pensando en lo poco que te gustan los temas que tienes que estudiar, cierra los ojos e imagínate tomando posesión de tu plaza como funcionario/a. Observa a tu alrededor, visualiza tu puesto de trabajo, con todo lo que quieras poner en tu mesa, ponle colores vivos, luz agradable, ambiente alegre, y siente lo contento/a que estás de haber conseguido un trabajo para toda tu vida. Tu cerebro segregará endorfinas y te sentirás con muchas ganas de seguir estudiando para conseguirlo.

¡Adelante! ¡Puedes hacerlo!”

En mi artículo de Abril 2017 destaco lo importante que es aprovechar nuestras propias capacidades. ¡Espero que os guste!

“¡Puedo volar!

Érase una vez, en lo alto de una gran montaña, había un nido de águilas bien hermoso. Un día de primavera mamá águila estaba feliz porque su hijo acababa de romper el huevo y veía la luz por primera vez. Era un bebé águila muy esperado, ya que sus padres habían perdido los últimos huevos que pusieron, así que estaban muy contentos de poder criar a su nuevo bebé. Su madre se volcaba en cuidarlo y protegerlo, mientras que su padre le traía constantemente comida y agua.

El bebé creció rápidamente, pero sus padres seguían protegiéndolo y trayéndole mucha comida, con lo que él no tenía que hacer nada, solo comer y dormir. Las demás parejas de águilas lo miraban, extrañados de que no saliera a volar y cazar, pero él no se preocupaba de nada. Tenía todo lo que necesitaba allí en el nido.

Un día, se despertó temprano y hambriento, pero no vio nada para comer cerca. Buscó a sus padres, y, al ver que no estaban, empezó a llamarles. Estuvo un rato largo llamándoles, pero no acudió nadie. Pasaban las horas y seguía solo. Empezó a preocuparse ya que cada vez tenía más hambre. Acercó la cabeza fuera del nido y se asustó al ver la altura a la que estaba. ¿Cómo era posible que sus padres salieran del nido sin preocuparles el caerse? Siguió esperando, hasta que el hambre que sentía le hizo pensar en intentar salir a buscar algo. Con cuidado, se acercó al borde del nido, abrió las alas como siempre había visto que hacían sus padres y se lanzó al vacío. Se tambaleó un poco, pero enseguida vio que planeaba. ¡Podía volar! Miró hacia el suelo y vio algo que podía comer. Se acercó, lo cazó y se lo comió. ¡Estaba contentísimo de haber podido salir y encontrar comida él solo, sin ayuda de nadie! Siguió cazando y comiendo, hasta que se cansó y volvió al nido. Allí se encontró con sus padres, que lo miraban felices. Él les contó que había volado y cazado, pero que pasó mucho miedo al principio. Sus padres le dijeron que él sabía volar y cazar desde siempre, que estaba en su naturaleza, y que no lo había hecho antes porque ellos, equivocadamente, le habían hecho la vida demasiado fácil, sin darle opción a ver todas las capacidades que realmente tenía.

A partir de ese día, voló y cazó él solo, descubriendo que, con la práctica, cada vez lo hacía mejor. Y así aprendió que todos tenemos dentro de nosotros grandes capacidades y solo necesitamos una oportunidad para darnos cuenta de ello y ponerlas en práctica.”

 

 

En mi artículo de Marzo 2017 hablo de lo importante que es sonreír. ¡Disfrutadlo y sonreíd!

“¡Sonríe por favor!

Una tarde de primeros de marzo, Laura se acercó a su abuela con cara de aburrimiento. Su abuela, al verla, le preguntó qué le pasaba. Laura dijo: “Estoy cansada y aburrida del invierno. Hace frío, casi siempre está nublado y llueve.… Estoy deseando que llegue la primavera para que me “altere la sangre”. Quiero salir, disfrutar y ser feliz”. Su abuela sonrió y le dijo: “Puedes salir, disfrutar y ser feliz también en invierno…” Laura entonces le dijo: “En invierno no tengo ganas de nada. Por eso quiero que llegue la primavera”.

Su abuela le pidió que se sentara a su lado y le comentó: “Parece que tu felicidad depende del tiempo. ¿Sabes que tú misma puedes producir endorfinas y sentirte bien?” Laura la miró con cara de no saber de qué hablaba. Su abuela entonces le dijo: “Las endorfinas son sustancias que produce nuestro cerebro. Son analgésicas, lo que quiere decir que te alivian el dolor, y además te hacen sentirte muy bien, te hacen ver que los problemas no son tan importantes, que tenemos recursos para solucionarlos y que la vida merece la pena vivirla”.

Laura se quedó pensando en ello y preguntó: “¿Y cómo le digo a mi cerebro que produzca endorfinas? Su abuela le dijo: “Tu cerebro ya las produce sin que se lo pidas. ¿Cómo te sientes cuando escuchas a tu grupo musical favorito?” Laura sonrió y dijo: “¡Genial!” Entonces su abuela le dijo: “Tu cerebro produce endorfinas cuando te pones la música que te gusta, cuando disfrutas con tu comida o helado favorito, cuando haces cosas por los demás, cuando lees ese libro que te encanta, o cuando miras a la cara sonriente de un bebé. También las produce cuando te ocupas de ti, cuando te relajas, cuando disfrutas de un paisaje precioso, cuando te sientes bien oyendo las olas del mar, y cuando abrazas y te abrazan. Funciona cuando tú te sientes bien. Y puede ser aún más fácil: con solo sonreír, tu cerebro ya empieza a producir endorfinas y te sientes bien, con lo que sonríes más, y se repite el proceso”. Laura sonrió abiertamente y dijo: “¡Es verdad! ¡Me siento mejor! Ahora entiendo por qué tú siempre estás sonriendo y pareces muy feliz”.

Su abuela la abrazó y le dijo: “Recuerda: puedes sentirte bien cualquier día del año. No tienes que esperar a la primavera. ¡Sonríe!”

 

En mi artículo de Febrero 2017 hablo de lo importante que es nuestra actitud hacia cualquier tipo de enfermedad que podamos padecer. ¡Espero que os ayude!

“Está en tus manos.

¿Eres de los que este invierno te has resfriado o has cogido la gripe? Son dos enfermedades muy comunes de esta época del año. Sabemos que los virus están en el aire y que podemos padecer algún que otro resfriado al año, sobrellevándolo más o menos bien. Y aunque parezca que es algo que escapa a nuestro control, nuestra actitud y costumbres pueden influir en que nos enfermemos o no, y en cómo llevemos adelante la enfermedad. 

Si como hábito practicas deporte, comes sano y te proteges del frío, tu cuerpo estará más fuerte para evitar que te enfermes. Y si aun así enfermaras, los síntomas no serían muy severos porque tus defensas te ayudarían.

E igual de importante que tener buenos hábitos es tener buena actitud hacia la enfermedad. Si cuando te resfrías, aceptas que estás enfermo/a, vas al médico, te cuidas y tienes paciencia, llevarás mucho mejor la enfermedad que si te enfadas por haber enfermado y lo pagas con los demás o contigo mismo/a. Y esto también vale para la convalecencia después de una intervención quirúrgica. Te repondrás mucho más rápido si aceptas que, durante un tiempo, estarás en cama o no pudiendo hacer todo lo que quisieras. Tendrás que armarte de paciencia, y aprovechar ese tiempo que tienes de reposo o de parada en tu actividad habitual para leer, charlar, o simplemente reflexionar sobre cosas importantes que hasta ese momento no te has parado a pensar.

¿Y qué pasa cuando en vez de una enfermedad común o una intervención quirúrgica, se trata de una enfermedad crónica? Esa aceptación y actitud de algo pasajero cambia cuando te dicen que tienes para toda tu vida diabetes, lesión de cadera, problema en la vista, hipertensión, o tantas otras enfermedades crónicas. En ese momento sientes que has perdido algo muy valioso para ti, una pequeña parte de tu salud. Y como en toda pérdida, tendrás que pasar por un duelo. Pero aunque sea una pérdida importante, sigue siendo crucial tu actitud ante esta nueva etapa que te toca vivir. Puedes seguir haciendo la mayoría de las cosas que hacías y valorar las capacidades de disfrutar que tienes. Tendrás que crear nuevos hábitos, adaptarte y vivir con plenitud dentro de la adaptación que te pida tu patología. Podrás seguir saliendo con amigos, divertirte, y seguir sintiendo que merece la pena vivir. Es muy importante aceptar que esa enfermedad o ese malestar te va a acompañar el resto de tu vida y este viaje juntos será más llevadero si te adaptas a esta nueva vida. Es mejor valorar todo lo que sigues teniendo en vez de quejarte y sufrir por todo lo que has perdido.

Recuerda: tu actitud ante tu salud puede hacer que te sientas peor o mucho mejor. ¡Eso sí está en tus manos!”

 

En mi artículo de Enero 2017 hablo de las personas que están a punto de jubilarse. ¡Espero que os sirva!

“¡Una nueva vida!

Empieza un nuevo año. Muchos de vosotros/as recibís el mes de enero con muchos propósitos: aprender cosas nuevas, crear nuevos hábitos, o dejar algunos antiguos que no os sientan bien… Es una buena manera de enfilar el año que entra.

Esta misma actitud es la ideal para las personas que van a jubilarse en este año o acaban de empezar la jubilación. Si es tu caso, es bueno que te sientes y reflexiones acerca de la etapa de tu vida que se abre, ya que, a partir de la jubilación, vas a disponer de mucho tiempo para poder hacer todo lo que antes no tenías espacio. Esta etapa es diferente en la medida que no tendrás que madrugar para ir a tu trabajo ni estarás sujeto/a a horarios fijos. Ahora puedes organizar tú todo tu tiempo. Puedes hacer eso que tanto te gusta y antes no podías: pintar, bailar, leer, coser, restaurar muebles o pequeños objetos, trabajos manuales, etc. Busca algo en lo que disfrutes. Ahora tú eres el dueño de tu tiempo.

Si aun así ves que te sobran horas, puedes contactar con alguna Asociación o voluntariado, en los que podrás hacer cosas diferentes, conocer a gente nueva, a la vez que ayudarás a muchas personas necesitadas.

Algunas personas, al jubilarse, sienten que ya no son útiles, que sólo eran valiosos mientras trabajaban, y pueden entrar en sedentarismo o llegar a deprimirse. Es importante que entiendan que lo que se ha acabado es una etapa de sus vidas, la etapa laboral, pero eso no significa que se haya acabado todo. Tenemos que hacerles ver que siguen siendo igual de valiosos que antes. Además, disponen de una sabiduría y experiencia de vida muy importante, ya sea por su profesión o por lo que les ha tocado vivir. Sería estupendo que pudieran compartir conocimientos y/o vivencias con otros colectivos, ya sea en familia, en grupos de amigos, en voluntariados o Asociaciones.

Y por último, si tenéis curiosidad, podéis seguir estudiando o aprendiendo, en la Universidad, en masters o en cursos monográficos. El cerebro no se cansa de aprender, sobre todo si eliges un tema que te fascine.      

Recuerda que es importante tener un propósito y seguirlo, pero además es primordial organizar tu tiempo y dedicarlo a lo que te gusta y disfrutas.”

En mi artículo de Diciembre 2016 puedes leer cómo, a veces, no es bueno que todos los sueños se hagan realidad… ¡Feliz Navidad!

“¡¡Es bueno soñar!!

Sandro era un joven que vivía en un pueblo de un lejano país. Aunque no era un pueblo principal, tenía todo lo necesario para que sus habitantes vivieran bien y felices. Sandro había nacido allí y nunca había ido a la ciudad. Desde pequeño se había hecho la ilusión de poder ir allí, trabajar, hacer mucho dinero y convertirse en un hombre poderoso y adinerado. El problema es que no se le daba bien estudiar, pero Sandro no lo veía como un obstáculo, ya que, para él, en la ciudad todo era posible.

El día que cumplió su mayoría de edad, les dijo a sus padres que se marchaba a la ciudad. Su padre le dijo que no tenía necesidad, que varias personas le habían ofrecido para él trabajo en el pueblo y podría ganarse bien la vida allí. Pero Sandro no escuchaba. Quería conseguir todo lo que soñaba en la ciudad. Sus padres no le entendieron pero lo aceptaron y, tras darle unos pequeños ahorros que tenían, se despidieron de él, con lágrimas en los ojos, deseándole lo mejor en su viaje.

Cuando llegó a la ciudad, enseguida se puso a buscar trabajo y pronto se dio cuenta que los mejores trabajos eran para los que tenían estudios y experiencia. Y él no tenía ninguna de las dos cosas. Empezó a ver que vivir en la ciudad no era tan fácil como él creía. Por fin encontró trabajo de reponedor de una tienda, pero no le llegaba el dinero para mucho. Además, cuando todo el mundo salía, el entraba a trabajar, con lo que tampoco se podía relacionar mucho ni conocer a nuevos amigos.

Conforme se acercaba el invierno y la Navidad, Sandro empezó a entender las palabras que su padre siempre decía: “Para ser feliz, no te fijes solo en lo que no tienes. Valora lo que sí tienes”. Empezó a recordar los buenos días que sus vecinos del pueblo siempre le daban al verle, los momentos felices que pasaba charlando con sus amigos, los diferentes trabajos que los conocidos le ofrecieron, mucho mejores que el que ahora tenía, el cariño que su familia le tenía, apoyándole en todo, y empezó a echar de menos su vida anterior en el pueblo. Ahora sí valoraba todo lo que había tenido a su alcance y no había sabido ver, pero le daba vergüenza volver, después de todo lo que había dicho.

El día de Nochebuena, después de trabajar, se durmió sintiéndose muy triste. Un ruido le despertó y, al abrir los ojos, se encontró a sus padres felicitándole por su 18 cumpleaños. Miró sorprendido y se vio en su habitación de siempre, en casa de sus padres. ¡Todo había sido un sueño! Se alegró tanto que saltó de su cama y abrazó a sus padres fuertemente. Su padre le dijo que quería regalarle unos ahorros que él tenía, para que pudiera ir a la ciudad, y Sandro le dijo que se lo agradecía pero que quería quedarse en el pueblo. Ese mismo día consiguió un buen trabajo y salió a celebrarlo con sus amigos. Cuando llegó la Navidad, Sandro la vivió como la mejor de su vida, ya que ahora valoraba muchísimo todo lo que sí tenía.

¡Feliz Navidad!”

En mi artículo de Noviembre 2016 hablo de lo importante que es la comunicación en cualquier relación. ¡Espero que os guste!

“¿Hablamos?

Seguro que alguna vez has querido hablar con un ser querido (padre, madre, hijo, hermano, amigo, pareja, etc.) de un tema “difícil” para ti y no te has atrevido. Quizás tienes miedo a su reacción, o simplemente no sabes cómo empezar. Y el tiempo pasa sin que hayas hablado sobre lo que te preocupa o te hace sentir mal. ¿Qué puedes hacer?

En primer lugar, estaría bien que analizaras tu forma de decir las cosas. Si hablas quejándote o reprochando una conducta, es normal que la reacción de la otra persona sea de defensa o quizás te responda con otros reproches. En vez de “no te veo nunca” o “ya no quieres hacer nada conmigo”, podemos decir “últimamente pasas mucho tiempo fuera de casa” o “me gustaría compartir más tiempo contigo y salir juntos”. En vez de quejarte, estás poniendo la semilla de comienzo de un diálogo.

Otra manera muy útil de empezar la conversación es hablando de lo que sientes, en primera persona, sin culpar al otro. Al hablar de ti mismo/a, ayudas a la otra persona a entender tu malestar. Le ayudas a saber cómo te sientes y cómo te influye lo que está pasando. En vez de “no me cuentas nada, ya no me quieres”, podemos decir “cuando no me comentas las cosas, yo me siento mal. Me gustaría hablar más contigo”.

De la misma manera, si es la otra persona la que te plantea una queja, pregúntale qué es lo que realmente quiere decirte o saber de ti, en vez de adivinar lo que puede estar pensando. En vez de quejarte tú también con frases como “no hablas conmigo”, puedes ayudarle a hablar diciendo “te escucho, quiero saber lo que piensas” o “¿qué puedo hacer para que me digas lo que te ocurre?” Y no te olvides de agradecerle el haberte contado lo que siente, para que vuelva a hacerlo más a menudo.

Ten siempre presente que el diálogo y la comunicación es uno de los pilares principales de toda relación. Y recuerda que, antes de adivinar, es mejor preguntar.”

Mi artículo de Octubre 2016 anima a reflexionar antes de tomar decisiones. Espero que os guste.

“¡Reflexiona!

Hay un cuento de sabiduría popular que narra la historia de una yegua y su potrillo: Un día, una yegua le dijo a su potrillo: “Coge el saco de grano que ves delante de ti y ve al molino para molerlo”. El potrillo, cogió el saco y se fue contento de que su madre confiara ya en él para llevar el grano al molino. Cuando iba por el camino, se encontró con que tenía que cruzar un río. Fue a meter la pata en él y una ardilla le gritó: “¡Quieto, no lo hagas! Yo lo intenté una vez y casi me ahogo en él”. El potrillo dio un paso atrás, pero entonces un búfalo le dijo: “Tranquilo. Yo he cruzado cientos de veces el río y no pasa nada”. El potrillo se quedó confuso y, al no saber qué hacer, se dio media vuelta y volvió donde su madre. Cuando la yegua lo vio, le dijo: “Has vuelto muy pronto. ¿Ya está molido el grano?”. El potrillo, bajó la cabeza y le dijo: “No he llegado al molino. A mitad del camino hay un río y, cuando iba a cruzarlo, una ardilla me dijo que era muy peligroso y un búfalo me dijo que no pasaba nada. No supe qué hacer y me volví a casa”. Su madre entonces le dijo: “Vuelve de nuevo a la orilla del río y siéntate a observar. Mira quién lo cruza, reflexiona y saca tus conclusiones de lo que veas”.

Hay personas que son muy inseguras y confían más en lo que le dicen los demás, en vez de crear su propio criterio. Y en el momento en que tienen opiniones contrapuestas, no saben qué hacer, se vuelven indecisas y acaban por no hacer nada. Este cuento nos enseña que no es suficiente escuchar las opiniones de los demás a la hora de tomar decisiones, ni tampoco hace falta pasarlo mal para aprender a hacer las cosas. Es muy importante el poder observar a los demás, para crear nuestro propio criterio y sacar nuestras propias conclusiones, antes de intentar hacer algo nuevo y desconocido, sobre todo porque si el intento no obtiene el éxito esperado, hará que el ánimo de la persona decaiga.

Recuerda: Observa, reflexiona y saca tus conclusiones de lo que veas, antes de tomar una decisión difícil.”

 

Espero que mi artículo de Agosto-Septiembre 2016 os ayude a no confundir las cosas. Aquí lo tenéis.

“¡Cada cosa en su sitio!

Rosa y Silvia están charlando tumbadas en una hamaca en la piscina. Rosa ve a su amiga un poco triste y le pregunta: “Silvia, ¿te pasa algo? Te veo triste. ¿Es porque se acaban ya las vacaciones?” Silvia le contesta: “No sé, puede ser. Ojalá duraran más tiempo. He estado tan a gusto estos días que creo que me va a entrar la depresión post-vacacional”. Rosa se ríe y le dice: “Anda ya. No te creo. Tú eres una persona muy alegre” Y luego añade: “Las vacaciones están bien para descansar, cargar pilas de nuevo y volver con fuerzas renovadas al trabajo”. Entonces Silvia le susurra: “Es que no quiero volver al trabajo…” Rosa se queda extrañada y le dice: “No lo entiendo Silvia. A ti te encanta tu trabajo, disfrutas con lo que haces. ¿Qué ha cambiado?” Silvia mira hacia abajo y le responde: “Hay algo que no te he contado. El último día, antes de empezar las vacaciones, tuve un problema con mi compañero Luis. No nos poníamos de acuerdo en el informe que estábamos haciendo y teníamos que acabarlo para poder irnos de vacaciones dejándolo todo terminado. Discutimos y mi jefe nos oyó. Vino a llamarnos la atención y yo me sentí fatal. Al final, para no discutir más, lo dejé como decía Luis y nos fuimos”.

Rosa entonces se sienta, mira a los ojos a su amiga y le comenta: “No me has dicho nada en todas las vacaciones, y parece que te ha afectado mucho”. Silvia le dice: “No quería pensar en ello. Lo aparté de mi pensamiento. Pero ahora se acaban las vacaciones y tengo que volver a enfrentarme a Luis y mi jefe. Solo de pensarlo, me siento mal otra vez”.

Rosa coge las manos de su amiga y le dice: “Silvia, oyéndote hablar, no parece que hables de un compañero de trabajo y de tu jefe. Parece que hayas discutido con alguien de tu familia. Tengo la impresión de que no separas trabajo y relaciones personales. Entiendo que te guste mucho tu trabajo, pero es eso “trabajo”, y te sentirías mejor si lo vieras así. No has tenido una discusión familiar, has tenido diferencias de opinión con relación a un informe, y tanto tú como tu compañero sois lo suficientemente profesionales y responsables para arreglarlo como adultos. Si no lo hicisteis así, es normal que vuestro jefe os llamara la atención”. Silvia entonces le contesta: “Tienes razón Rosa, me sentía como si hubiera discutido con mi hermano, y no es así. Mi familia es mi familia y mi trabajo es mi trabajo”. Rosa añadió: “Y en la medida en que lo vivas así, podrás ser la gran profesional que eres. Verás cómo, cuando vuelvas al trabajo, todo va a ir bien”. Silvia se abrazó a su amiga y le dijo: “Sí, sé que va a ser así”.”

Puede que mi artículo de Julio 2016 os pueda ayudar a salir de vuestra “zona de seguridad”. ¡Disfrutadlo!

“¡Atrévete!

Verano, sol, calor, luz, y ¡vacaciones! ¡Qué bien sienta tomarte unos días de descanso y trasladarte fuera de tu entorno habitual, ya sea para ir al campo, a la playa, o a una visita cultural, bien aquí o en cualquier país que te guste. Cualquier opción es agradable y muy apetecible.

Tanto si has decidido visitar alguna población de España como irte al extranjero, la forma en que gestiones tu viaje dice mucho de ti. ¿Llevas todo programado y cerrado, o te vas “a la aventura”?

Hay personas que necesitan llevar todo bien cerrado y confirmado. Necesitan saber cuál será el recorrido, qué excursiones harán, en qué hotel se quedarán, qué tiempo encontrarán, y el horario exacto de todo. Toda esta información les produce una sensación de control, que a su vez les relaja y les da seguridad. Necesitan “saber lo que va a pasar”, prever todo, para estar tranquilos. Son personas que solo se mueven dentro de lo que se llama su “zona de seguridad”, es decir, se mueven dentro de lo previsible, de lo rutinario, de lo ya conocido, de lo que controlan, porque les crea ansiedad todo lo que no conocen y no controlan.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que es imposible controlarlo todo. La vida y nosotros estamos en constante cambio, aunque no te des cuenta de ello. Y si aceptamos eso, podremos empezar a abrirnos poco a poco a la posibilidad de que los planes pueden cambiar, las circunstancias pueden no ser las que preveíamos, y no pasa nada. Puedes empezar por cambiar tu restaurante favorito, probar sabores nuevos, tomar un vino que no conoces, es decir, empezar haciendo pequeños cambios en tu ambiente cotidiano. Luego puedes pasar a hacer una visita a Cuenca, por ejemplo, sin llevar nada preparado. Eso te hará buscar un hotel cuando llegues a la ciudad, comer en un restaurante desconocido, y ver cómo te orientas sin plano. Así  irás poco a poco flexibilizando tu mente y preparándola para el siguiente paso, cuando estés preparado, además de desarrollar tu creatividad.

Atrévete, en tus viajes y en tu vida diaria, a empezar a salir, poco a poco, de tu “zona de seguridad”, a dejar alguno de los detalles de tus viajes a lo imprevisible, a decidir en el momento lo que hacer en el día, y disfrutarás mucho más de todas tus experiencias, ya que tus cinco sentidos estarán mucho más atentos a todo lo nuevo que te encuentres. Y eso sí te llevará a aumentar tu seguridad.”

En mi artículo de Junio 2016 os doy una idea para empezar el día en positivo. ¡Espero que os guste!

“¡Tú decides!

Seguro que alguna vez te ha pasado que, nada más levantarte, algo no te ha salido bien. Ante esto, quizás te has dicho: “empezamos mal el día…”. Y a partir de ahí, parece que todo se ha puesto en tu contra, y vas de mal en peor, para terminar diciéndote: “si hoy no tenía que haberme levantado…”.

¿Qué está pasando? Puedes decirte que te has levantado con mal pie, que hoy no es tu día de suerte o que tienes mala suerte. Pero eso significaría que tú no tienes ningún poder sobre lo que te pueda pasar, que eres una simple marioneta de “la suerte”. Seguramente, el primer acontecimiento negativo del día ha desencadenado tu malestar, con lo que has seguido haciendo las cosas que tenías que hacer con pensamientos negativos. Y esto te ha llevado a equivocarte, quizás a no pensar en lo que hacías, a no prestar la suficiente atención, etcétera, con lo que las cosas no han ido a mejor, hasta acabar pensando que es un día desastroso.

Puedes estar tranquilo/a. Tú sí tienes poder sobre lo que piensas, sientes y haces. Todos los pensamientos que tienes y elaboras, influyen en lo que sientes. Y tus pensamientos y emociones te hacen actuar de una manera u otra. Si piensas que nada te sale bien, te sentirás mal, triste, despistado, o enfadado. Y estos pensamientos negativos, junto con esas emociones te llevarán a no poner los cinco sentidos en todo lo que hagas, con lo que las consecuencias pueden no ser las esperadas por ti.

Pero si, cuando te pase algo por la mañana, piensas que ha sido algo puntual, que no has prestado atención o simplemente aprendes de tu error, te sentirás mejor y afrontarás el día de otra manera, no permitiendo que esa pequeña situación puntual te influya en el resto de tareas que tienes que hacer en las siguientes horas.

Por lo tanto, si tienes buenas ideas mentales, pensamientos positivos, ellos te llevarán a tener equilibrio psicológico, con lo que te sentirás alegre, feliz y actuarás en consecuencia.”

Os pongo, en mi artículo de Mayo 2016 una reflexión sobre aprovechar el presente.

“¡Aprovecha tu presente!

Luis está sentado delante de un libro, en su habitación, pero no lo lee. En cambio, mira de vez en cuando su móvil o algo en su ordenador. Vuelve a mirar el libro, y vuelve a distraerse con otra cosa. Así lleva bastante rato. Su abuelo pasa por delante de su habitación y, tras observarle durante unos minutos, decide hablar con él.

El abuelo, golpeando el dintel de la puerta de la habitación de Luis, dice: “Hola Luis, ¿te importa si entro y hablamos un poco? Te he observado desde la puerta y pareces inquieto…” Luis le dice: “Hola Abuelo. Pasa. No sé qué me ocurre. Intento estudiar esta asignatura pero no puedo. Es muy difícil. Todas las demás se me dan muy bien, tanto que con escuchar en clase y hacer los deberes, apruebo fácilmente. Pero ésta es difícil. Voy a suspender. Y encima, no podré ir al campamento este verano si suspendo.” Su abuelo, se sentó a su lado y, apoyando una mano cariñosamente en su hombro, le preguntó: “¿Qué te pasa con esta asignatura?” Luis le contestó: “No me gusta, no es bonita, me cuesta escuchar en clase. No tengo ganas de estudiar y me pongo a ver fotos en el móvil o a jugar en el ordenador.” Entonces, su abuelo le dijo: “Verás Luis, si no haces lo que tienes que hacer en el presente, que es estudiar, no lograrás lo que quieres en el futuro, que es aprobar, y poder ir al campamento”. Luis le dijo: “Pero abuelo, es que es muy difícil. Ya cateé el primer examen y voy por el mismo camino.” El abuelo le preguntó: “¿Estudiaste para el primer examen?” Luis bajó los ojos y dijo: “No, pensé que sería como en las demás asignaturas. Pero no fue así.”

Su abuelo entonces le llevó al salón de la casa y le pidió que se sentara con él en el piano. Abrió la tapa y le pidió que tocara algo. Luis sonrió y le dijo: “Abuelo, yo no sé tocar el piano. Toca tú, que tú sí que sabes hacerlo, y muy bien” Su abuelo le preguntó: “¿Te acuerdas hace unos años, cuando decidí que quería aprender a tocarlo? Algunos me dijeron que era muy difícil, y más a mi edad. Pero yo quería hacerlo. Y sabía que, para aprender, tenía que tomar clases y practicar mucho. Y así lo hice. Si me hubiera agobiado pensando que no lo iba a conseguir, no habría empezado siquiera. Y ya ves, ahora lo toco.” Luis asintió en silencio. Entonces su abuelo le dijo: “Recuerda esto Luis: Aprende a aprovechar y disfrutar del presente, olvidándote de lo vivido en el pasado y no agobiándote pensando en el futuro, ya que el presente es el que hace que logres lo que quieres en el futuro.” Luis le dio las gracias a su abuelo y fue a su cuarto a aprovechar su presente estudiando, para conseguir lo que quería en su futuro: ir de campamento.”

En mi artículo de Abril 2016 os comparto la historia de un Jardinero muy especial. ¡Disfrutadlo!

“El Jardinero

Había una vez un hombre que vivía en una casita, en la parte más apartada del pueblo. Pocas personas le conocían ya que hacía pocos meses que se había mudado y no se le veía mucho por las calles o en las fiestas populares. Parecía una persona tímida. Nadie iba a visitarle. Algunos le llamaban “el jardinero” porque le habían visto alguna vez con macetas en las manos, pero tampoco sabían a qué se dedicaba.

La verdad es que el jardinero no salía mucho de su casa, pero no porque no quisiera relacionarse con los demás, sino porque estaba dedicado en cuerpo y alma a sus plantas. Desde su llegada al pueblo, se había dedicado a recoger semillas y las había plantado en pequeños tiestos. Las cuidaba y regaba todos los días, ya que sabía que si quieres obtener resultados, tienes que tener constancia en lo que haces.

El jardinero salía cada día a mirar si habían nacido las semillas, y se emocionaba y disfrutaba cada vez que veía un nuevo brote aparecer entre la tierra, celebrando cada pequeño logro de su esfuerzo. Luego, las veía crecer día a día. Le gustaba tanto lo que hacía que no le importaba que crecieran lentamente. Sabía que, con paciencia, puedes llegar tan lejos como quieras.

Cuando los árboles que tenía plantados crecieron un poquito, cogió un pequeño carro que tenía, puso las macetas encima y salió de su casa. Conforme se encontraba con algún vecino, le regalaba uno de los árboles sonriendo. Luego fue al colegio e hizo lo mismo, Y así, regaló árboles a todos los vecinos del pueblo. Como seguían naciendo más árboles, y él disfrutaba mucho cuidándolos, empezó a regalarlos a los vecinos de los pueblos de alrededor, y así hasta que era muy conocido en toda la comunidad.

El jardinero nunca más estuvo solo ya que todos los vecinos pasaban por su casa a llevarle algún presente, un dulce, charlar o se ofrecían a ayudarle en su labor con los árboles, admirando y aprendiendo a hacer todo lo que el jardinero había conseguido con paciencia, constancia, motivación y mucho entusiasmo.”

En mi artículo de Marzo 2016 hablo de lo importante que es saber cuándo ayudar y cuándo no. Espero que os guste.

“¡Quiero ayudarte!

Marta y Leticia, amigas y compañeras de clase en la Universidad, están charlando mientras descansan de estudiar. Marta mira fijamente a Leticia y le dice: “Leti, te veo preocupada, ¿qué te pasa? ¿Te puedo ayudar?” Leticia lanza un suspiro y dice: “Hoy me han comunicado que me deniegan la beca. Contaba con ella para la matrícula y ahora tengo que buscar un plan B. Estoy dándole vueltas a varias opciones…” Marta entonces se acercó a su amiga y le dijo: “Vaya faena. Lo siento mucho. Tienes que estar hecha polvo. ¿Cómo te puedo ayudar?” Leticia la miró a los ojos y le dijo tranquilamente: “No te preocupes Marta. Estoy bien. He actualizado mi CV y buscaré trabajo. Ya tengo algunas ideas.”

Marta, sin apenas escuchar a su amiga se acercó a ella, la abrazó, y le dijo: “No tienes que disimular, sé cómo te sientes. Yo estaría fatal en tu lugar. Pero no te preocupes. Te voy a ayudar. Voy a hablar con algunas personas, y entre todos lo solucionaremos. No estás sola.”

Leticia, le volvió a decir a Marta: “Déjalo Marta, no te preocupes. Ya estoy yo en ello.” Pero Marta ya estaba mirando contactos en su móvil y abriendo a la vez en su ordenador páginas de empleo.

Leticia cogió por el brazo a su amiga y le dijo: “Marta, escúchame, no hace falta que hagas nada.” Entonces Marta empezó a enfadarse y, levantando la voz, le dijo a Leticia: “Pero Leti, ¿no te das cuenta que necesitas ayuda?”

Leticia respiró hondo y, con voz suave, preguntó: “¿Marta, qué te pasa? ¿Estás bien? No te reconozco. Escúchame. Te agradezco mucho tu interés en ayudarme, pero no te enfades por no aceptar tu ayuda. Es más, parece que mi problema te afecta más a ti que a mí.” Marta entonces le dijo: “Es que si a mí me quitaran la beca, me da algo. Estaría fatal, muy preocupada.” Leticia le contestó: “Esa es la cuestión Marta. Estás actuando desde lo que tú crees que yo pienso y siento, pero en realidad es lo que piensas y sientes tú. Estás actuando desde lo que necesitarías tú si te pasara lo que a mí.” Marta asintió con la cabeza, sin decir nada. Leticia entonces le dijo: “Piensa también en lo feliz que me sentiré yo cuando haya podido solucionar mi problema yo sola. ¡Es un importante reto para mí!” Y añadió: “Valoro mucho tu amistad, pero esto lo quiero solucionar yo sola”.

Las dos amigas se abrazaron de nuevo. Ese día Marta comprendió que lo mejor que podía hacer era acompañar a su amiga, ofrecerle apoyo y permitir que ella encontrara sus propias soluciones.”

¡Cambia la culpa por aprendizaje! Este es mi artículo de Febrero 2016. ¡Disfrutádlo!

“¡Aprende de ti!

Ante errores cometidos en algún momento de sus vidas, hay personas que aprenden de sus acciones y así evitan repetir ese comportamiento específico. Aprenden de sus equivocaciones y crecen interiormente. Sin embargo, también hay personas que, tras cometer errores en el pasado, se sienten culpables, y esa culpabilidad les impide actuar en el presente.

¿Eres de los que se pasa la vida sintiéndose culpable por comportamientos pasados? Quizá piensas que has sido una mala persona por algo que pensaste, dijiste, o hiciste, aunque también puede ser que sea por algo que no dijiste o no hiciste. Te sientes mal, incluso inmovilizado en tu momento presente por un acontecimiento del pasado.

¿De dónde te viene esta actitud? Puede que, cuando eras pequeño/a, hayas sido manipulado/a por alguna de tus figuras de autoridad, con frases del tipo “por haber hecho esto, ya no te quiero” o “vuelve a la hora que quieras, yo me quedaré sin dormir esperándote, mirando por la ventana”. Y luego, al crecer, quizás has tenido una pareja que te ha dicho “si me quisieras, no saldrías con tus amigos al futbol” o “¿cómo puedo confiar en ti si aquella vez me fallaste?”. Todos éstos son mensajes dirigidos a manipular tu presente usando tu pasado.

Antes de que empieces a responsabilizar a los demás por sentirte culpable y a no hacerte responsable de tus emociones, es bueno que hagas la siguiente reflexión: por mucho que elijas sentirte culpable, eso no te servirá para cambiar el pasado. Lo que sí te servirá es analizar ese pasado, aprendiendo de tus errores y cambiando tus pensamientos, sentimientos y conductas por otras que te hagan sentir bien.

Por último, es muy importante que te aceptes a ti mismo/a, con tus aciertos y errores. Y, por otro lado, es bueno que seas consciente que no necesitas la aprobación de los demás, siempre y cuando los respetes. Así podrás hacer desaparecer la culpa que viene de no haber conseguido la aprobación de otros.”

¡Espero que mi artículo de Enero 2016 te ayude en tus propósitos de comienzos de año!

“¿Quiero? o ¿Debo?

Una tarde soleada de enero, Ana y Luisa se encontraron en la cafetería de siempre, para tomar café y charlar. En cuanto se vieron, se abrazaron y pidieron los capuchinos que tanto les gustaban.

Después de ponerse al día de sus cosas, Ana le preguntó a Luisa qué planes tenía para el año que comenzaba. Luisa le dijo: “Este año me he propuesto muchas cosas: tengo que aprender inglés, tengo que ponerme a dieta, tengo que ir al gimnasio regularmente y tengo que cambiar de piso”. Ana, al escucharla, le preguntó: ¿Esos propósitos no son muy parecidos a los del año pasado?” Luisa, bajando un poco la voz, dijo: “Sí, pero es que el año pasado, entre una cosa y otra, no pude cumplir ninguno, así que este año lo intento otra vez…”

Ana sonrió y le preguntó: “¿Y todo lo que “tienes que hacer” tiene que ver con tu trabajo?” Luisa, sorprendida por esa pregunta, le dijo: “¡No, para nada! ¿Por qué me lo preguntas?” Ana entonces dijo: “Los “debo” y “tengo que” forman parte de tu vida comprometida con tus obligaciones, tu trabajo o tus responsabilidades. Cuando usas las palabras “tengo que”, tu cerebro lo recibe como una obligación, como algo que te cuesta mucho hacer, pero que si no lo haces, la consecuencia será negativa. Si tus propósitos son cosas que has elegido hacer, es mejor que uses la palabra “quiero, me gusta o me apetece”. Los “quiero” tienen que ver con tu decisión, tu vida privada, elegir lo que te apetece y te gusta. Si de verdad quieres hacerlo, es mejor decir “quiero hacerlo”, y verás cómo tu cerebro lo recibe de otra manera, te sientes con ganas de ponerte manos a la obra, te vienen ideas, formas de conseguir lo que deseas y tu actitud hacia ello es más positiva”.

Luisa, reflexionando sobre lo que su amiga Ana le acababa de decir, dijo: “Entonces, ¡este año quiero aprender inglés, quiero ponerme a dieta, quiero ir al gimnasio regularmente y quiero cambiar de piso!” Y, tras unos instantes, añadió: “Tienes razón Ana, al decirlo así, lo veo diferente, con más ganas de empezar. Muchas gracias”.

Ana entonces le dijo: “¡Muy bien, Luisa! Ahora solo tienes que organizarte con flexibilidad, usar tus recursos y ponerte a ello. Y disfruta con todo lo que hagas”.”

Un bonito cuento de Navidad para mi artículo de Diciembre 2015.

¡Hoy es Nochebuena!

Juanjo era un chico de 20 años, de un pueblecito de Almería, del que salió hacía ya dos años, para venir a Madrid a estudiar Medicina, su gran pasión. Allí dejó a unos padres, ya bastante mayores, a los que echaba de menos y a los que les mandaba cuando podía un poco de dinero. Por las mañanas iba a clase y por las tardes trabajaba de dependiente en una pequeña tienda de alimentación del barrio donde vivía, para poder pagarse los estudios y el alquiler de su pisito. En la tienda siempre tenía una sonrisa, una palabra bonita, un gesto amable para los clientes y aunque había cerca un supermercado grande, la gente seguía yendo a la pequeña tienda y charlaban un poco con Juanjo.

Un día por la tarde, José, su jefe, le dijo que recogiera todo, que cerrarían en media hora. Juanjo, se sorprendió mucho y le preguntó qué pasaba. José le dijo que era Nochebuena y que era un día de estar con los seres queridos. Juanjo se llevó las manos a la cabeza. ¿Cómo se le podía haber pasado que era Nochebuena? Entre el trabajo y los estudios, ni siquiera miraba el calendario. José le preguntó qué iba a hacer esa noche y Juanjo le dijo que prepararía algo de cena en casa y llamaría por teléfono a sus padres. José le dijo que se viniera a su casa a cenar con su mujer. Juanjo, se lo agradeció pero dijo que no, ya que no quería molestar. José no volvió a insistir y se alejó pensativo hacia la parte de atrás de la tienda.

Cuando ya estaba todo recogido, Juanjo compró cinco botellas de sidra y cinco turrones, se despidió de José y se fue a casa. Cuando llegó a su bloque, conforme subía las escaleras, fue dejando una botella de sidra y un turrón en la puerta de cada pisito, llamaba al timbre y salía corriendo para que no le vieran. Cuando llegó al suyo, estaba cansado pero contento. Siempre le gustaba tener algún detalle con sus vecinos pero nunca se dejaba ver. Entró en casa, habló con sus padres por teléfono, y se sentó en la cocina. Como no se había acordado que era Nochebuena, no había preparado nada especial. Miró en la nevera, vio que le quedaba algo de las lentejas que se hizo el día anterior y decidió cenar eso. Cuando iba a calentarlas, sonó el timbre de la puerta. La abrió y no había nadie. Entonces miró al suelo y vio un queso, chorizo, salchichón y caña de lomo. Encima tenía una nota que decía “Feliz Navidad”. Se sorprendió mucho, ya que nunca le habían regalado nada. Cogió todo y, cuando lo estaba guardando, tocaron el timbre de nuevo. Fue a abrir y solo encontró en el suelo una bandeja con gambas, con otra tarjeta de “Feliz Navidad”. Acababa de cerrar la puerta cuando llamaron de nuevo y, pensando qué se encontraría ahora, abrió y vio a José, su jefe, con su esposa. José le dijo que para ellos sería un gran honor el poder compartir con él la cena que traían, y se habían encontrado una cesta de Navidad en la puerta, con una nota de “Feliz Navidad”. Juanjo se emocionó. José y su mujer le abrazaron y le dijeron que toda la bondad que él tenía con los demás le estaba volviendo con creces. Aquella noche fue inolvidable y, a partir de aquel día, Juanjo, aun estando lejos de su familia, se sintió muy querido y acompañado por todos los que le conocían.

¡Feliz Navidad!”

En mi artículo de Noviembre 2015 hago una reflexión interesante sobre las relaciones de pareja. ¡Espero que os interese a vosotros también!

Parejas sanas: ¡Así sí!

Hay personas que hablan de su pareja diciendo que es su media naranja y que los dos son uno. Incluso llegan a decir que necesitan a la otra persona y que sin ella no son nada. La cuestión es que, cuando en una relación dos personas son una, el resultado es que son dos medias personas y dependientes la una de la otra.

Si eres de ese tipo de personas, debes saber que ese tipo de relaciones dependientes son contrarias a la felicidad. El depender de alguien psicológicamente implica que no has elegido libremente estar con él o con ella sino que te ves obligado/a a hacer algo que no quieres, por miedo a perder a esa persona porque sin ella no te sientes nada.

La independencia psicológica implica no necesitar a los demás. Con esto no quiero decir que no se pueda desear tener relaciones con los demás, sino que no les necesitas. En el momento que necesitas a alguien, te vuelves vulnerable, débil y estás a merced de que la otra persona te pueda manipular y dominar. Además, si la otra persona te dejara, creerías que no puedes seguir viviendo sin ella o que te podrías morir.

Es importante que no se confunda nunca la dependencia con el amor. En una relación basada en el amor, cada uno de sus miembros le permite al otro ser lo que él quiere, sin exigencias, sin esperar nada del otro. Es una unión entre dos personas que quieren estar juntos porque lo desean, no porque lo necesiten. Y al no necesitarse, son independientes el uno del otro para ser lo que cada uno elija, para crecer positivamente, compartiendo momentos, sentimientos y felicidad juntos, a la vez que disfrutando de momentos en los que cada uno pueda desarrollarse por separado, sin tener que estar siempre juntos.

Una buena relación de pareja, en la que ambas personas sienten verdadero amor, se produce cuando cada uno está dispuesto a dejar que el otro escoja por sí mismo en vez de tratar de manipularle o hacer valer su opinión y decisión por encima del otro. Y por supuesto tampoco habría lugar a que ninguno de los dos pensara y hablara por la otra persona, ni exigirle que haga lo que se supone que tiene que hacer o debería hacer.

Todo esto hará que la pareja florezca, crezca y se desarrolle, a la vez que cada uno desarrolla su propio respeto hacia sí mismo y hacia el otro.”

Aquí tenéis mi artículo de Octubre 2015: una reflexión interesante sobre la soledad. Espero que os guste.

“El primer paso: la soledad.

Muchos jóvenes desean vivir solos pero aún no tienen los medios necesarios para ello. Ven el vivir solos como una posibilidad de sentirse independientes, libres, felices, improvisando planes sin avisar ni dar explicaciones, haciendo lo que les apetezca en cada momento. Pero hoy en día, por decisión propia o por circunstancias de sus vidas, no pueden hacerlo. Aunque sería importante que cada joven pudiera vivir esa experiencia como parte de su crecimiento, para, posteriormente, poder compartir su vida con otra persona.

Como seres sociales que somos, nos gusta pasar una velada entre amigos o un fin de semana con diferentes actividades con ellos. Pero tras estar todo el día en el trabajo rodeado de gente, con reuniones, enganchados al móvil o a las redes sociales, la soledad nos da un espacio de tranquilidad, de conexión con nuestro interior, de reflexión sobre lo que hemos hecho a lo largo del día, necesario para poder retomar la actividad al día siguiente.

Sin embargo, hay personas que viven solas y se sienten tristes y deprimidas porque no quieren vivir así. Y también hay personas que viven con sus parejas, familia, amigos, etc. y también se sienten solas. ¿Qué les pasa? Quizá han aprendido de pequeños que hay que vivir hacia afuera y nadie les ha enseñado a conectar con su interior. Son personas que nunca contactaron consigo mismas y se sienten incómodas, dudan de lo que piensan y sienten, no reconocen sus sentimientos, con lo que se hacen dependientes de su entorno, de los demás.

Si perteneces a este segundo grupo de personas, es importante que empieces a conectar contigo mismo/a, con lo que piensas y sientes, y entres en armonía con tu interior. Y en la medida que vayas encontrando esa armonía interior, podrás estar en paz con todo lo que te rodea. Recuerda que todos los grandes pensadores y creadores de este mundo (los filósofos, los inventores, los pintores y escultores, y un largo etcétera) han necesitado estar solos para poder conectar con su interior y desarrollar su creatividad, sus ideas, sus inventos o sus obras de arte.

Quiérete mucho, cuida tu salud, organiza tu tiempo y tus actividades y disfruta de todo el tiempo que tengas. Y no olvides entrar en tu interior, para encontrarte y conocerte mejor. No te sentirás solo/a en la medida en que estés en contacto contigo mismo/a, ya que estar en compañía de ti mismo/a te traerá equilibrio, paz y armonía. Y cuando salgas de ti, encuéntrate en tu pareja, si quieres.”

En mi artículo de Septiembre 2015 os pongo una reflexión sobre el temor a lo desconocido. ¡Espero que os guste y os ayude!

“¡Explora!

Se termina el verano. Ya ha pasado el tiempo de las vacaciones, de salir de casa para ir al campo, a la playa, al pueblo de la familia, etc. Algunos vuelven a la rutina del hogar, del trabajo, de la ciudad; y otros se preparan para enfrentarse a una nueva escuela, Instituto o Universidad.

La mayoría de los jóvenes están ansiosos por descubrir lo nuevo que les viene, los nuevos compañeros, los nuevos estudios, los nuevos horarios, pero también hay algunos que se pueden asustar por lo nuevo que viene, por lo desconocido.

Este temor a lo que no se conoce, también aparece en muchos adultos, los cuales prefieren conservar los amigos de siempre a conocer a nuevos amigos o vecinos. Y si están en paro, prefieren seguir buscando un empleo del mismo tipo de actividad que hacían en el anterior. Quizás no se sienten capacitados para lo que supondría una actividad nueva y se asustan ante el posible fracaso.

Si eres de los que tienen miedo a lo nuevo, al cambio, te puede venir bien reflexionar un poco sobre este tema. Cuando nacemos, no sabemos hablar ni andar. Tenemos que aprender. Cuando un niño gatea, está explorando el mundo que tiene delante. Se intenta levantar, da sus primeros pasos y se cae. Pero no le importa. Decide seguir aprendiendo, levantándose, cayéndose y volviéndose a levantar, avanzando para alcanzar lo que quiere. Si tuviera miedo, no dejaría nunca el tacataca ni aprendería a andar solo.

Esta motivación, esta curiosidad, estas ganas de explorar que tienen los niños, es lo que algunos adultos han olvidado a medida que han ido creciendo. Se han acomodado en lo que les salió bien en una ocasión, y no quieren probar nada nuevo, ya que temen que esta vez no les salga bien. Pero la única manera que tienes de saber cómo va a salirte es atreverte, probar y ver los resultados. Si no lo haces, nunca sabrás qué había podido pasar si lo hubieras hecho.

Y recuerda, todos tenemos capacidad para hacer muchas cosas, sólo tienes que creer que puedes hacerlo y así pondrás los medios y recursos necesarios para ello y lo conseguirás.”

Este es mi artículo de agosto 2015. En él te invito a reflexionar sobre lo importante que es escuchar a los demás y no quedarte solo con tu opinión. ¡Disfrútalo!

“¿Quieres una galletita?

¿Cuántas veces, hablando con los demás de algún tema específico, has tenido las ideas muy claras de cómo son las cosas y te has empeñado en hacérselas ver a los otros, sin escuchar lo que ellos pensaban o tenían que decir al respecto? No necesitabas oírles, pues tú tenías la razón y ellos estaban equivocados.

Jorge Bucay, en su libro “Cuentos para pensar”, tiene un cuento que se llama “Galletitas” (Bucay, 2002), que espero te ayude a reflexionar. Resumiéndolo, la historia habla de una mujer muy elegante que cuando llega a la estación para coger un tren, y le informan que viene retrasado, fue a comprar una revista, una bebida y un paquete de galletitas. Muy fastidiada por tener que esperar, se sentó en un banco. Mientras ojeaba su revista, vio por el rabillo del ojo cómo un joven, sin decir nada, coge el paquete de galletitas, lo abre, saca una y se la come. La mujer se enfada, pero se calla, ya que no quiere armar un escándalo y coge el paquete, toma una galleta y se la come. El joven le sonríe y toma otra galleta. Y así estuvieron los dos cogiendo cada vez una galletita, con enfado de la mujer y con sonrisas del joven. Cuando sólo quedaba una galletita, la mujer lo mira, pensando si sería capaz de seguir siendo tan descarado e insolente. Entonces, el joven, sin dejar de sonreír, toma la galletita, la parte por la mitad y le da una mitad a la mujer. Ésta le dice “gracias” con un tono muy enfadado, y el joven le responde “de nada” con calma y sonriendo. En ese momento llega el tren y la mujer se levanta, coge sus cosas y se monta en él. Por la ventanilla ve cómo el chico sigue sentado en el banco y empieza a pensar en lo descarado e insolente que ha sido. Al cabo de un rato, la mujer tiene sed y, cuando busca su bebida en el bolso, se sorprende al encontrar “cerrado” y “entero” su paquete de galletitas…

Muchas veces nos empeñamos en tener razón y en que los demás vean las cosas como nosotros las vemos, sin ver que podríamos estar equivocados. Lo maravilloso de que las personas pensemos de forma diferente es que los demás nos pueden mostrar puntos de vista que no se nos habían ocurrido a nosotros. Esta nueva información nos enriquece y nos puede hacer cambiar de opinión o no, pero nos sirve para seguir llenándonos de sabiduría.

Así pues, escucha a los demás y ten tu mente abierta, para poder entenderte a ti.”

En mi artículo de julio 2015 te animo a hablar de tus temores sin miedo a ser rechazado. ¡Disfrútalo!

“¡Atrévete a hablar de tus miedos!

Un día de primavera, Carlos, un chico de 17 años, volvía a su casa después del Instituto, con la cabeza cabizbaja y la cara triste. Cuando entró, su abuelo, en cuanto le vio la cara, le preguntó qué había pasado para que estuviera así. Carlos se sentó, y abriendo su corazón a su abuelo, al que tanto quería y admiraba, le dijo: “Me encuentro muy confuso. Pronto haré la selectividad y aún no sé qué carrera escoger. Tengo mucho miedo de equivocarme. No me puedo permitir un error en la elección porque mis padres no me lo perdonarían. He estado todo el curso evitando pensar en ello, con la esperanza de que, cuando llegara el momento, lo tuviera claro, pero no ha sido así, y ahora me estoy angustiando cada día más”.

Cuando Carlos terminó de hablar, su abuelo, que le había escuchado en silencio, le dijo: “¿recuerdas que cuando eras pequeño y tenías miedo por algo, solías cerrar los ojos? Creías que, si no lo veías, el peligro desaparecería como por arte de magia. Ahora sigues haciendo lo mismo, cierras los ojos, pero los problemas no desaparecen al cerrarlos. Y las situaciones no se resuelven si se espera a que venga otro a resolverlas”.

Carlos le dijo: “Tienes razón, pero aún sigo sin saber qué hacer. Necesito que alguien me ayude a decidirme por una u otra carrera”.

Entonces su abuelo le dijo: “Lo estás planteando de forma equivocada. Tienes miedo a equivocarte, pero en esta vida, todos aprendemos de nuestros errores. Quien no aprende, está condenado a repetir sus errores una y otra vez.

Carlos entonces comentó: “No creo que mis padres aceptaran que yo me equivocara”.

El abuelo, sonriendo, le dijo: “En eso es en lo que estás equivocado. Somos igual de valiosos cuando nos equivocamos y cuando no. ¿Cómo tratarías a alguien que quieres y se ha equivocado? Igual te tienes que tratar y aceptar a ti mismo. Además, me consta que tus padres te quieren mucho y te aceptan tal como eres.

Carlos agradeció a su abuelo esas palabras tan sabias, y, cuando llegó la noche, en la cena, habló de todo lo que le angustiaba con sus padres. Éstos, le dieron todo el cariño y aceptación que Carlos no esperaba. Y esa noche, al sentir cómo se relajaba al haberse quitado toda esa tensión de encima, tuvo tiempo de pararse a reflexionar en su futuro, y, por primera vez en mucho tiempo, sin miedo, empezó a tener las ideas más claras. Y la que más clara le quedó es que si nosotros comentamos nuestros miedos a nuestros seres queridos, seguirán valorándonos y aceptándonos tal y como estemos en cada momento.”

En mi artículo de junio 2015 comento algo que quizás no te habías parado a pensar. Disfrútalo y reflexiona sobre ello.

¿Tienes mote?

¿Te acuerdas de tus compañeros/as de clase del colegio o del instituto? ¿Cuántos nombres recuerdas? Seguro que varios. ¿Cuántos apellidos? Quizá los de algunos, los más cercanos. ¿Y cuántos motes recuerdas? Puede que muchos más que nombres o apellidos. ¿Por qué? Podéis decir que porque se hablaba de ellos mencionando los motes en vez de los nombres. Incluso os habéis dirigido a alguno o alguna directamente por el mote. Era más fácil acordarse de “empollón”, “simpático”, o “rebelde” que de Antonio, Juan o Luisa.

¿Qué estábamos haciendo con esto? Les poníamos una etiqueta que llevaba consigo mucho más que un nombre. Llevaba un cúmulo de características y adjetivos. Por ejemplo, el mote “empollón” podía ir acompañado de: inteligente, callado, aburrido, soso, quizás feo, etcétera. O el mote “rebelde” podía ir acompañado de: difícil, creativo, valiente, arriesgado, extrovertido, divertido, etcétera. Y lo más curioso es que, cuando alguien le ponía un mote a un compañero o compañera, no nos parábamos a averiguar si era verdad o no, lo creíamos y lo usábamos sin más. Nos reíamos de él o ella si era un mote despectivo o le admirábamos si el mote llevaba consigo cualidades que nos gustaría tener. Es decir, dábamos por hecho que un chico o chica empollona, iba acompañado de esas otras características, como el ser callado, por ejemplo, de manera que les invalidábamos para lo que no tuviera que ver con ese perfil que teníamos ya aprendido. No necesitábamos saber más de ellos o ellas, porque ya teníamos la información suficiente para saber cómo eran.

¿Pero qué pasaba cuando era a nosotros a quien nos ponían un mote? Entonces nos dábamos cuenta que, si se nos daba bien estudiar, no podíamos tener muchos amigos porque éramos callados y aburridos. Y puede que nadie se parara a averiguar cómo realmente éramos o nos comportábamos, con lo que teníamos que trabajar mucho más para conseguir alguna amistad y para que se dieran cuenta que teníamos otras muchas cualidades.

Muchos niños y niñas siguen repitiendo este comportamiento. Es necesario que los profesores y maestros tengan cuidado y eviten que se siga haciendo. Todos podemos tener un poco de todo y es estupendo el conocer a los demás sin tener un prejuicio o idea prefijada que te impida ver lo maravilloso que puede ser el ser humano.”

Aquí tenéis mi artículo de mayo 2015. Os ofrezco una reflexión sobre el “ser” y el “estar”, ya que es muy importante diferenciarlos. ¡Espero que os guste!

“¿Ser o estar?

La mayoría de nosotros hemos escuchado de pequeños cómo los adultos, nuestros mayores de referencia o los profesores nos decían “eres un niño muy bueno, tranquilo, listo, callado” o quizás “eres muy malo, rebelde, torpe, revoltoso”. Lo han dicho tantas veces que en otras ocasiones nos hemos comportado como nos habían dicho que éramos. Es la etiqueta que los adultos nos pusieron, es decir, nos dijeron cómo éramos y nosotros decidimos cumplir con ella y crecer creyendo que éramos así. No se nos ocurría cuestionar a nuestros adultos, por supuesto.

Para entender esto, primero es muy importante diferenciar entre “ser” y “estar”. El “ser” no varía, naces con él. Es la esencia del ser humano, lo que realmente eres, tu yo profundo. Pero yo puedo estar un día triste, nervioso/a y al día siguiente estar mejor, feliz, tranquilo/a, de otra manera. Esto sería el “estar”.

Y de ahí viene la creencia falsa de los niños, que les cuesta entender que pueden estar de otra manera que la que le han enseñado los adultos. Por ejemplo: Si un niño está a punto de hacer un examen, está nervioso y dejará de estarlo cuando lo haya acabado. Luego, si le salió bien, estará contento, y si no le salió bien, estará triste y hasta puede que esté muy callado pensando en lo que le van a decir sus padres cuando vean las notas. Ante todos estos cambios, no se puede afirmar que ese niño (o esa niña) “sea” nervioso, alegre, triste o callado, sino que ha estado nervioso por un examen y luego ha estado triste o alegre.

Es importante que tanto los adultos como los profesores hablen con los niños/as teniendo esto en cuenta, diciendo por ejemplo “ayer estuvisteis muy revoltosos pero hoy estaréis mejor”. Es una manera de reconocer que pueden cambiar su forma de estar, sin ponerles una etiqueta que no puede cambiarse.

Por último, podemos dar un paso más valorando y validando el cambio de estado en los niños, dándoles atención cuando están bien y haciéndoles menos caso cuando estén inquietos. Esto incluye el valorar el que un día un niño/a esté callado/a y hacérselo ver, mientras que no se le presta atención si está revoltoso/a, así como el valorar cuando habla a un niño/a que suele estar callado/a, y reforzarle.”

Os presento mi artículo de abril 2015, un hermoso cuento para reflexionar. ¿Conoces a Lucas?

“¡Conozcamos a Lucas!

Érase una vez, en un pueblecito de una montaña, vivía un hombre llamado Lucas. Todos en el pueblo le conocían bien porque siempre tenía tiempo para ayudar a todos, de tal manera que cada vez que alguien necesitaba un favor, siempre llamaban a Lucas, pues sabían que podían contar con él. Siempre estaba disponible, a cualquier hora del día o de la noche.

Un día, llegó al pueblo un anciano sabio y venerado, que estaba recorriendo el país. Preguntó dónde podía quedarse a dormir una noche y todos le dijeron al unísono: “¡en casa de Lucas!”. Le llevaron hasta allí y cuando el anciano entró,  le preguntó a Lucas si podía quedarse en su casa esa noche. Lucas dijo: “como desees”. Entonces el anciano le preguntó si él quería tenerle como huésped esa noche en su casa. Lucas se extrañó por la pregunta, ya que ya había accedido a que se quedara y le dijo que no le entendía. El anciano entonces le dijo que quería saber si a él le agradaba el tenerle como huésped esa noche. Lucas le contestó que eso no importaba, que él hacía muchas cosas que no le agradaban, solo porque todos esperaban que las hiciera.

El anciano le pidió a Lucas que siguieran hablando sentados, con una taza de té o de café delante, y le preguntó a Lucas qué le gustaba tomar. Lucas le dijo que tomaría lo mismo que él tomase. El anciano le preguntó entonces si prefería café o té. Lucas se quedó muy confuso. Por primera vez desde hacía mucho tiempo alguien le preguntaba lo que le gustaba a él, y no sabía qué contestar. Sus pensamientos sobre lo que los demás querían y esperaban de él le consumían mucho tiempo, tanto que descuidaba sus propias cosas, aunque luego se sintiera mal por ello.

El anciano, al verle así, le dijo que algunos niños, para ser aceptados y queridos, omiten lo que quieren y simulan lo que ellos creen que los mayores esperan de ellos. Luego crecen y siguen actuando igual, lo que les hace infelices. Lucas no sabía qué decir, pero seguía escuchando atentamente.

El anciano le dijo a Lucas que no es necesario complacer ni agradar a todos. Además de que, por otro lado, es normal no caer bien a todos. Le dijo que podía complacerse a sí mismo, y, cuando lo hiciera, se daría cuenta que los verdaderos amigos le aceptarían tal y como es.

Lucas agradeció al anciano todo lo hablado y desde ese momento empezó a cambiar. Cada día fue conectando consigo mismo y averiguando lo que quería y no quería hacer, actuando en consecuencia. Y a la vez descubrió que en el pueblo seguía siendo muy querido por todos, aunque ya no estuviera disponible a cualquier hora…”

Aquí está mi artículo de marzo 2015. ¡Decide cómo sentirte!

“¡Yo decido!

Llega la Primavera. Cada día hay más horas de sol, viene el buen tiempo, y empezamos a despertar del letargo invernal.

Algunas personas piensan que, por el simple hecho de que empiece la Primavera, hay que sentirse mejor, más animado, más feliz. Y esas mismas personas se sienten tristes si hace frío fuera o hay tormenta. Son personas “externas”, o lo que es lo mismo, responsabilizan de su estado de ánimo a algo de fuera, como el tiempo atmosférico, o a otra persona que no son ellos mismos.

¿Has dicho alguna vez alguna de estas frases: “Estoy fatal porque él (o ella) se ha enfadado conmigo” o “La lluvia me deprime”? Estas frases son características de personas que, en vez de responsabilizarse sobre sus sentimientos o su estado de ánimo, le dan la responsabilidad a algo o alguien, sin darse cuenta que son ellas las únicas responsables de cómo se sienten.

Es bueno pararte y reflexionar que, cuando alguien se enfada contigo, si tú te sientes mal es porque a ti te gustaría gustarle a todo el mundo, y que lo que piensas, dices y haces fuera aceptado y aplaudido por la gente que te rodea. Y cuando esto no pasa, sientes inquietud y desasosiego. Por tanto, la responsabilidad de que te sientas bien recae en la interpretación que tú haces de si les gustas o no a los demás, si te aceptan o no.

Y si está lloviendo, y te sientes triste, ¿dónde has aprendido que cuando llueve hay que sentirse triste? Seguramente lo aprendiste de tus padres, abuelos, cuidadores,… ¿o bien aprendiste a sentirte alegre ante la lluvia porque tus padres eran personas de campo que se alegraban y festejaban cuando llovía?

Con todo esto lo que quiero decirte es que seas consciente que tú eres el responsable de tus estados de ánimo, de cómo te sientes, no los demás. Y al ser solo tú el responsable, puedes controlar lo que piensas y lo que sientes, para poder decidir sentirte mejor.

¡Adelante! Toma la responsabilidad de tus emociones y manéjalas para sentirte bien.”

Os presento mi artículo de febrero 2015. ¡Adelante con vuestros proyectos para este año!

“¡Hazlo!

¡Ya ha comenzado un nuevo año! Y cada comienzo de año nos trae nuevas ilusiones, nuevos proyectos, nuevos propósitos o el retomar algunos que se quedaron en la lista del año pasado. Tienes un montón de ideas y muchas ganas por empezar a llevarlas a cabo.

¿Cuántos nuevos proyectos has pensado? ¿Cuántos vas a comenzar?… ¿Y cuántos vas a acabar? Aunque parezcan preguntas absurdas, hay personas que se caracterizan por empezar muchas cosas y terminar pocas. Demuestran mucho empeño en todo, pero se rinden fácilmente. Son personas que gastan mucho esfuerzo en intentar hacer cosas, pero desisten a medio camino, y se conforman diciendo: “por lo menos lo he intentado” o “ya lo intentaré en otro momento”.

Y no es que no quieran lograr terminar lo que empiezan, simplemente se esfuerzan y se esfuerzan intentando una y otra vez llevar a cabo ese proyecto que tienen. No se dan cuenta que enseguida se desilusionan por el gasto de energía y la falta de constancia en el tiempo, y lo dejan sin terminar. Gastan más esfuerzo en intentarlo que en lograrlo. Quizás gastan mucha energía en hacer, en demostrar que ponen mucho empeño, pero no en terminar, y entonces, cuando están por lograrlo, se vienen abajo cansados.

Si te ves reflejado/a en este tipo de personas, ten en cuenta que no es útil gastar energía en “intentar” hacer cosas, en tener cinco o seis comenzadas y ninguna terminada, ya que esta situación te llena de insatisfacción y al final no consigues nada.

Piensa por un momento: si tienes hambre, ¿comes o intentas comer? Y si tienes sed, ¿bebes o intentas beber? Por supuesto que comes y bebes, porque quieres hacerlo. No te quedas en el intento.

Cuando te propongas hacer algo, hazlo. Y si no lo quieres hacer, no lo hagas, pero no lo “intentes hacer”. Puedes elegir lo que quieres hacer, comenzarlo y terminarlo. Así te sentirás satisfecho/a de tu trabajo, de tu esfuerzo. Recuerda que sólo depende de ti y puedes hacerlo. Toma una sola cosa, ten claro tu objetivo, tu meta, ponte a ello, termínala y experimenta el placer y la felicidad interna de acabar y llegar a tu meta.”

Empezamos el año con una historia preciosa sobre la ilusión por seguir un sueño. Aquí tenéis mi artículo de enero 2015. ¡Disfrutadlo!

“Una luz a seguir.

Hace mucho, mucho tiempo, en países muy lejanos, vivían tres ancianos. No se conocían entre ellos, pero tenían muchas cosas en común. Los tres eran muy sabios ya que habían vivido muchas situaciones, algunas difíciles, y en todas habían aprendido mucho, compartiendo luego toda su sabiduría con los de su alrededor. Otra característica que también tenían en común era el seguir sus sueños, además de ser constantes y seguir creyendo que merece la pena vivir.

Todos eran muy queridos en donde vivían, y cuando había algún problema, todos iban a preguntarles a ellos pues sabían de su sabiduría. Algunos niños creían que eran Magos, pues siempre tenían una solución, una palabra de ánimo, una forma diferente de ver las cosas y la habilidad de sacar la sonrisa a todos.

Un día, los tres soñaron que tenían que seguir una estrella porque les llevaría a tener una experiencia mágica. Y al día siguiente, cuando decidieron que emprenderían un largo viaje siguiendo esa estrella, nadie se extrañó. Todos fueron a despedirles, a desearles buen viaje y a esperar que volvieran pronto, para seguir disfrutando de su compañía y sabiduría.

Los tres partieron por separado, y se encontraron en el camino. Se dieron cuenta de todo lo que tenían en común y decidieron seguir juntos ese viaje que tanta ilusión les hacía.

Al cabo de varios días, encontraron a una familia muy pobre, que acababan de tener un bebé. Eran emigrantes y no tenían ni siquiera para poder hospedarse, por lo que se refugiaron de la noche en un pesebre. Los tres ancianos se acercaron a la familia y observaron que el niño tenía una luz especial, una luz igual a la estrella que habían seguido durante días. En ese momento se dieron cuenta que el encontrar a esta familia y a este niño era la experiencia que tenían que vivir. Decidieron dejarle al bebé hermosos regalos que le acompañarían en el viaje de la vida. La familia aceptó todo con mucho amor porque sabían que estos regalos de estas tres personas sabias harían que su hijo tuviera una vida sabia, feliz y sana.

Tras este encuentro, los tres ancianos pasaron unos días con ellos y decidieron volver a sus tierras, satisfechos de todo lo que habían vivido, y deseando de reencontrarse con los suyos para contarles que es bueno seguir un sueño con constancia e ilusión, porque, sin importar la edad que tengas, la vida sigue poniendo en tu camino momentos maravillosos y felices.”

Un bonito cuento de Navidad para terminar el año. Os adjunto mi artículo de diciembre 2014. ¡Feliz Navidad!

“Historias de Navidad.

Érase una vez, en un país lejano, había un pueblecito en el que todos sus habitantes se conocían y disfrutaban mucho celebrando las fiestas navideñas. Les gustaba adornar las casas con luces de colores y guirnaldas. Las calles se llenaban de color, se hacían fiestas, se celebraban comidas de empresa, se repetían los encuentros con amigos, se preparaban cenas familiares, y muchos salían de tiendas para comprar regalos. Eran días de hacer muchas cosas y de ver a seres queridos.

Pero un año, las cosas no fueron bien para muchos de sus habitantes y, cuando llegó el momento de empezar a adornar todo, los ciudadanos no tenían medios ni ánimo, ya que no encontraban nada de lo que alegrarse.

El Alcalde de este pueblo, un anciano de barba blanca, muy querido por todos, también decidió no poner luces por las calles, para recortar gastos. Pero observaba a sus ciudadanos con mucho pesar y se puso a reflexionar acerca de qué podía hacer él para animarles.

Un día se le ocurrió algo: Emitió un Edicto en el que decía que ese año sólo se iba a decorar el gran Abeto que estaba en la plaza del pueblo. Y, para decorarlo, pidió a todos los habitantes del pueblo que pensaran en una cosa que quisieran regalar a la Humanidad, y que, el día antes de Navidad, trajeran algo que lo simbolizara, para colgarlo del árbol.

Tras la sorpresa del primer momento, empezaron a llegar niños con algún juguete, para simbolizar que querían regalar Juegos a la Humanidad. El panadero trajo un cesto con barras de pan, simbolizando su regalo de alimento al mundo. La señora de la mercería trajo varias mantas para simbolizar que regalaba calor. El carnicero trajo varios pavos y gallinas, el lechero trajo varios litros de leche, la tienda de juguetes trajo varias muñecas y coches, la pastelería trajo turrones y mantecados, la tienda de frutos secos, trajo muchas almendras…. Parecía que cada vez que llegaba alguien después de otro, éste último traía más cantidad de cosas que el anterior.

Así estuvieron todo el día, y por la tarde, el Alcalde los reunió a todos alrededor del gran Abeto. Les dio las gracias a todos por lo que habían traído, y dijo que estaba muy contento de ser el Alcalde de un pueblo donde, aun habiendo pasado un año difícil, sus ciudadanos eran ricos en algo muy valioso: la generosidad.

Todos se quedaron callados al escuchar a su Alcalde. De pronto, el panadero se acercó al Abeto, cogió el cesto con barras de pan, y se puso a repartirlas entre todos, especialmente entre aquellos vecinos que él sabía que no podían comprarle pan para la Nochebuena. Al verle, el carnicero hizo lo mismo, y luego el lechero, y todos los demás. En un momento, el Abeto quedó sin nada bajo su copa, pero los ciudadanos siguen recordando esa fecha como la mejor Navidad que habían vivido en el pueblo.

¡Feliz Navidad!”

Aquí tenéis mi artículo de noviembre 2014. Espero que os ayude en la gestión de vuestras emociones.

“¡Emociónate!

Todos conocemos o hemos conocido en algún momento a personas que presumían de ser fuertes. Incluso alguno habrá comentado que le gustaría ser tan fuerte como ellos, pues parece que nada les afecta. Son personas que casi nunca muestran sus emociones y no lloran. Y no solo eso, sino que critican a los que se quejan o se lamentan, sintiéndose incómodos en su presencia.

Este tipo de personas cuyo rasgo de personalidad principal es la dureza o la fuerza, seguramente han tenido una vida difícil, en la que han aprendido que quejarse es de débiles y, si eres débil, pueden abusar de ti. Por tanto, decidieron no llorar, no mostrar las emociones, los sentimientos que sentían, no mostrar signos de debilidad ante nadie.

Pero el verdadero problema de estas personas es que les da miedo ponerse en contacto con sus sentimientos y sentir profundamente pena y dolor, al igual que emociones muy fuertes de ternura, alegría, etc. Es tal ese miedo que sienten que se ponen el disfraz de fortaleza y se dicen a sí mismos que no sienten nada, que no tienen miedo a nada y que pueden con todo. De esta manera, se desconectan, se aíslan de sus emociones por el miedo tan grande que sienten de ponerse en contacto con ellas. Se dicen a sí mismos que pueden con todo porque interiormente no pueden con nada. El problema de esto es que se defienden del dolor pero también de las satisfacciones intensas que nos ofrece la vida y que son muy importantes y positivas para el ser humano.

Es importante darnos cuenta que somos seres humanos que nacemos con emociones y es natural y sano el expresarlas, decidiendo la manera adecuada, según la situación. Todos los sentimientos nos ayudan a crecer y aprender a lo largo de nuestra vida y no debemos ocultarlos, sino mostrarlos, canalizarlos y compartir con los seres queridos tanto la alegría como la pena, tanto el amor como el dolor, tanto la ternura como la dureza, etc.

Por ejemplo, cuando sufres un desengaño o una pérdida y sientes mucha tristeza y dolor por ello, si reprimes tus emociones y el llanto, el dolor seguirá ahí aunque hayan transcurrido varios años desde el acontecimiento. Pero si te permites que aflore lo que sientes y, en alguna ocasión, si lo necesitas, lloras, sentirás más alivio.

Recuerda que, cuanto más te pongas en contacto con tus sentimientos y los asumas, mejor podrás mostrarlos, y eso sí es señal de más fortaleza. ¿Quieres disfrutar de la vida? ¡Permítete sentir!”

En mi artículo de octubre 2014 os propongo que hagáis las cosas razonablemente bien, sin buscar la perfección. ¡Espero que os ayude!

“¡La perfección no existe!

¿Eres de los que tardan mucho en elegir qué ropa te vas a poner, que condimento vas a echar en la comida, qué menú vas a elegir, o qué expresión vas a usar en tus correos? No lo tienes claro porque no quieres equivocarte, quieres hacer las cosas muy bien, es más, las quieres hacer perfectas.

Hay rasgos de nuestra personalidad que nos definen y nos hacen sentirnos bien, como por ejemplo, la bondad, la generosidad, etc. Pero hay otros rasgos que nos impulsan a actuar de cierta manera, produciéndonos insatisfacción. Uno de ellos es el perfeccionismo.

Hay personas que pasan demasiado tiempo haciendo un informe, una presentación de diapositivas, pintando un cuadro, restaurando un mueble antiguo, escribiendo un artículo, cocinando un guiso, limpiando la casa, ordenando los libros, eligiendo un menú o un traje que comprar, etc…. Dedican mucho esfuerzo y mucha energía en lo que están haciendo porque quieren que todo quede perfecto. Necesitan que todo quede perfecto.

Estas personas, cuando eran pequeñas, tal vez han tenido a unos padres que les exigían mucho y, en algún momento creyeron que les querrían si hacían perfectamente todo lo que tuvieran que hacer. Ahora, de adultos, creen que sólo se sentirán bien si hacen las cosas de una forma perfecta, ya que, inconscientemente, creen que es la única manera de conseguir la aprobación de los demás. Pero la realidad es que la perfección no existe, así que acaban sintiéndose muy insatisfechos y frustrados por no conseguirlo.

Si eres de este tipo de personas o te ves reflejado/a en ellas, debes saber que la perfección no es necesaria. Puedes hacer las cosas razonablemente bien y no gastar más tu energía buscando ese perfeccionismo que te aparta de la realidad y de dar por terminadas las tareas que emprendas. Si los grandes pintores se hubieran quedado eternamente pintando un solo cuadro hasta poder hacerlo perfecto, no conoceríamos toda su gran obra.

No necesitas que nadie te dé el permiso. Toma desde hoy la decisión de hacer todo lo que quieras suficientemente bien y terminar lo que emprendas, sintiéndote bien y a gusto contigo mismo/a, sin necesitar que otros den su visto bueno a lo que has hecho.

Haz las cosas y acéptalas sin buscar la perfección. Aprende a sentirte bien así.”

Mi artículo de septiembre 2014 es una buena reflexión para los que, tras las vacaciones, corren y corren para tener tiempo para todo. ¡Espero que os guste!

“¡Párate y disfruta!

Terminan las vacaciones y vuelve el colegio, el trabajo, la casa… y parece que nos cuesta un poco retomar la actividad. Pasamos de descansar y estar relajados a darnos prisa para todo. Es como si no tuviéramos tiempo para hacer todo lo que hay que hacer.

Hay personas a las que esto les pasa todo el año. Andan siempre corriendo para todo, en la oficina, en la compra, incluso, cuando se supone que van a disfrutar. Son personas que critican la lentitud, la tranquilidad y no se permiten el disfrutar de ningún momento de relax. Son impacientes y todo lo hacen deprisa para acabar pronto y pasar a otra cosa, que también hacen deprisa. Sin embargo, toda esta prisa les está impidiendo vivir el presente. Por consiguiente, no pueden disfrutar en el aquí y ahora de las cosas que hacen, porque siempre están pensando en lo siguiente que tienen que hacer. Y si no están en lo que están haciendo, no se van a preocupar de los detalles, con lo que la calidad de lo que hagan dejará mucho que desear.

Si te reconoces en este tipo de personas, puede que de pequeño en el colegio, en casa, en los juegos…, te hayan animado a ser más rápido, uniendo esta idea a ser más efectivo, y no es así. Ahora eres adulto y sigues haciendo y haciendo, empiezas dos o tres cosas a la vez, creyendo que puedes, y te agobias cuando ves que no puedes con todo.

Si quieres sentirte mejor, debes parar y reflexionar. No es necesario darse prisa, hay un tiempo para cada cosa y es cuestión de estructurarlo adecuadamente. No empieces tres cosas a la vez. Tómate tu tiempo para decidir qué vas a hacer primero y hazlo, fijándote en los detalles, para que puedas acabarlo suficientemente bien y entonces empezar con lo siguiente que quieras hacer.

Tómate tiempo para pensar. Vive en el aquí y ahora. Pon toda tu atención en lo que haces, y disfruta de las pequeñas cosas de cada momento. Permítete el pararte y fijarte en los detalles de todo lo que te rodea. Descubrirás un mundo nuevo a tu alrededor. Si quieres disfrutar de un paisaje, date tu tiempo, párate y ¡disfruta!”

En mi artículo de agosto 2014 os invito a que no pongáis en los demás la evaluacion de vuestro valor. ¡Disfrutadlo!

“¡Eres valioso/a!

Hay personas que se sienten mal porque nadie les valora e invierten mucho esfuerzo en hacer muchas cosas, buscando esa valoración que necesitan. No se dan cuenta que están poniendo su propia valía en las manos de los demás.

Jorge Bucay, en su libro “Cuentos para pensar”, cuenta un cuento muy ilustrativo sobre este tema. El cuento se llama  “El verdadero valor del anillo”, (Bucay, 2002). Resumiéndolo, la historia habla de un joven que se sentía mal porque los demás le decían que era torpe y tonto, y fue a pedir ayuda a un sabio para saber qué podía hacer para que lo valoraran más. El sabio le dijo que le ayudaría si antes el joven le ayudaba a él en un problema que tenía, a lo que el joven accedió. Le pidió que fuera a vender un anillo al mercado, pidiendo como mínimo una moneda de oro por él. El joven hizo lo que le pedía el sabio y tras varios intentos, volvió triste sin haberlo podido vender porque los mercaderes se rieron de lo que pedía por el anillo y le ofrecían mucho menos por él. Entonces el sabio le dijo que era necesario saber primero el verdadero valor del anillo y que fuera al joyero para averiguarlo, pero que no lo vendiera, le ofreciera lo que le ofreciera. El joven fue y volvió sorprendido ya que el joyero le dijo que el anillo valía 70 monedas de oro. El sabio le hizo comprender al joven que él era una joya única y valiosa, sin importar lo que los demás pensaran de él.

Es importante que no bases tu valía en que los demás la reconozcan, ya que, si no encuentras a nadie que lo haga, te sentirás mal, triste y hundido. Tú eres importante y valioso por ser tú, no por lo que hagas, y mucho menos por lo que la gente opine de ti. Tú eres quien decide lo que tú vales, y no necesitas que los demás te lo digan, te apoyen o te refuercen.

Recuerda que tú eres valioso por ser tú mismo, por lo que piensas, sientes y haces.”

¡Llega el verano y las vacaciones! Aquí tenéis mi articulo de julio 2014. ¡Disfrutadlo!

“Verano: ¡vacaciones!

Es verano, luce el sol, hace calor y todos estamos ya de vacaciones o las estamos preparando con muchas ganas, para poder descansar. Es el momento de disfrutar, de no hacer nada, de relajarse, de cargar las pilas para cuidar tu salud y poder retomar la actividad después del verano con ganas y fuerza.

Además, puedes aprovechar para reflexionar sobre lo trabajado en el año, estar orgulloso/a de lo conseguido y darte los premios ganados por tu constancia y tu voluntad.

Esto que parece algo maravilloso y muy esperado, para algunas personas se puede convertir en una situación difícil, ya que tienen dificultad para llenar ese tiempo que durante todo el año han tenido ocupado. ¿Eres de las personas que están ilusionándose con disfrutar del campo, la playa, los viajes, el sol, los amigos, trasnochar… o a veces te asalta alguna duda de que se te haga un poquito largo el tiempo de vacaciones?

Eres una persona merecedora de todo lo mejor todo el tiempo. Y ahora, en este verano, tiene la oportunidad de hacer todas las cosas con las que has soñado en los largos meses de invierno.

Además, si sueles concentrarte en tu trabajo, evitando distracciones, para que todo esté a tu gusto y en tiempo, esa misma concentración la puedes aplicar en descansar y divertirte, evitando distraerte con pensamientos sobre lo que no estás haciendo. Podrás evitar irte al pasado, a las obligaciones que has dejado, y al futuro, a las obligaciones de después del verano, estando en el aquí y ahora, con los cinco sentidos. ¿Y cómo se consigue? Cuando pasees, cuando te bañes en el mar, cuando disfrutes de una película o de una buena comida, ya sea solo/a o en compañía de la familia, amigos, pareja, etc., piensa sólo en lo que estás haciendo, observa dónde estás, escucha los ruidos que tienes alrededor, siente el viento, el sol, el agua si estás en el mar. Eso te permitirá estar en el aquí y ahora y disfrutar mucho más de tus vacaciones.

Recuerda: cargándote de ti mismo, te sientes bien en tus tiempos de ocio y te sentirás fuerte para empezar de nuevo el curso con energía.”

Mi artículo de junio 2014 os presenta una reflexión que puede haceros cambiar el punto de vista de muchas cosas. ¡Espero que os ayude y os pongáis en marcha!

“Tú eres tu buena suerte.

¿Eres de los que está esperando y esperando a que llegue un golpe de buena suerte para poder cambiar tu vida? ¿O eres de los que todos los días se pone manos a la obra para conseguir esa “buena suerte”?

La vida está llena de oportunidades y el ser humano está lleno de recursos. Tú estás lleno de recursos y capacidades y sólo tienes que ponerte en contacto contigo mismo, con tu interior, para saber que están ahí, a tu disposición, y usarlas en tu beneficio. Si nos ponemos en contacto con nosotros mismos, si nos hacemos caso, usaremos nuestros recursos y seremos capaces de conseguir las metas que nos propongamos.

Y si nos dejamos orientar y guiar exclusivamente por el exterior, por los demás, es posible que fracasemos porque los demás no saben de nuestras necesidades y capacidades.

Una misma oportunidad de conseguir algo puede ser entendida de forma diferente para dos personas, según pongan sus intereses en el interior o en el exterior de sí mismas. Las primeras son las que llamamos “personas con muy buena suerte”. Son aquellas que están en contacto con su valía y recursos, y están dispuestas a hacer el esfuerzo necesario para conseguir lo que quieren. Las segundas, las personas que dicen que “no tienen suerte”, son aquellas que esperan que del exterior les vengan las cosas que ellas quieren o necesitan.

Quizás con este ejemplo lo puedas ver un poco más claro: Imagina dos personas que están ilusionadas porque van a recibir amigos invitados a comer. Una de ellas va temprano al mercado para conseguir productos frescos, elige lo mejor que encuentra, luego los lava cuidadosamente, y los cocina a fuego lento, cuidando los detalles. Todo este esfuerzo le hace sentirse muy bien, además de que, cuando sus invitados lleguen, se lo agradecerán mucho y alabarán sus platos.

La otra persona se levanta más tarde, compra comida ya hecha, o comida enlatada o congelada, y mientras la calienta, se pone a hablar por teléfono o a ver la televisión, con lo que puede que la comida se pase un poco. Seguramente esperará las mismas alabanzas que la otra persona, pero es poco probable que las consiga, ya que no ha puesto su tiempo, esfuerzo y energía en la preparación de la velada.

Como vemos con el ejemplo, tu buena suerte depende mucho de tu esfuerzo, de tu ilusión por lo que vas a hacer, de tus capacidades, del tiempo que inviertes en ello y de todos tus recursos enfocados a tu meta. Tú puedes ser una persona de muy, muy buena suerte siempre que pongas todo esto a funcionar.”

Os quiero presentar un Taller Grupal que voy a hacer el próximo 21 de Junio por si os interesa descubrir cosas nuevas de vosotros/as. Será muy interesante.

Descubriéndome a mí mismo/a

Taller Grupal  -  21 de Junio de 2014

Objetivo: Nos proponemos ofreceros un espacio en el que, a través del compartir en grupo, podáis relajaros, y así profundizar en vuestro descubrimiento interior, dejando que aflore vuestra creatividad.

Dirigido a: Cualquier persona mayor de edad con ganas de aprender a conocerse un poco más.

Impartido por:

María Becerra                                                Cristina Cortés

Psicóloga, colegiada Nº: M-24926         Psicóloga, colegiada Nº: M-25924

Formada en Terapia Gestalt,                   Formada en Terapia Gestalt,  

EMDR y Análisis Transaccional             Terapia Familiar Sistémica y PNL


Lugar: Nuevo Baztán (a 50 km. de Madrid)

Fecha: 21 de Junio de 2014

Horario: 10:00 a 20:30 horas.

Precio: 60 euros por persona.

Qué has de traer: Ropa cómoda, calcetines, cuaderno y bolígrafo.

Información y reservas:  619020763 y 670255068

mariabebo@hotmail.com y crispi7@yahoo.es

 IMPRESCINDIBLE RESERVAR ANTES DEL 14 DE JUNIO

En mi artículo de mayo 2014 os presento un cuento sobre el tiempo. ¡Espero que os guste!

“Los Magos del Tiempo.

Érase una vez, en un país no tan lejano llamado Tiempo, vivían tres Magos. Un día se reunieron para ver la importancia que tenía cada uno, ya que cada Mago se creía el más importante.

El primer Mago en reclamar la palabra fue el Pasado, diciendo que él era el mayor de todos, y por tanto, tenían que respetarle. Dijo que él era el más importante porque recogía todas las situaciones que las personas han vivido, el recuerdo de las personas con las que se han relacionado, los viajes que han realizado, acumulando la sabiduría del paso del tiempo.

Enseguida quiso hablar el segundo Mago, el Presente, diciendo que el pasado y el futuro no eran importantes. Sólo él se ocupaba de lo que hacen las personas, de crear situaciones, vivencias, aventuras, etc.

El tercer Mago, el Futuro, habló rápidamente, como suele hacer, y dijo que el pasado no era importante porque ya pasó y no se puede volver a él, y proclamó que el presente no existía, pues cada minuto que pasaba se quedaba en el pasado y el siguiente se adentraba en el futuro. Se erigió como el más importante porque él era todo lo que estaba por venir.

Siguieron discutiendo un buen rato, hasta que vieron que no se ponían de acuerdo. Entonces decidieron ir a ver al Yo Superior (la Conciencia), ese espacio de sabiduría al que se le preguntaba sobre las grandes verdades y las soluciones posibles.

El Yo Superior les escuchó hablar, dándole a cada uno su tiempo para expresar todo lo que tenían que decir, y, cuando todos habían hablado ya, tomó la palabra y se dirigió a cada uno de ellos.

Primero le dijo al Pasado que él era muy importante ya que encerraba todo lo que las personas han vivido, y gracias a ello, pueden sacar un maravilloso aprendizaje de su experiencia.

Después habló con el Presente y le dijo que él también era muy importante ya que todo lo que se crea, se hace en el momento vivido.

Seguidamente habló con el Futuro, y le dijo que también era muy importante ya que encerraba todas las ilusiones y sueños de los humanos, que son el motor de toda persona.

Y por último, les dijo a los tres que desde el día a día, desde el aquí y ahora, se puede conectar con el pasado, aprender de la experiencia y decidir una vida mejor para el futuro.”

En mi artículo de abril 2014 os hablo de los grandes beneficios de las endorfinas. ¡Sonreíd!

“¿Quieres ser feliz?: ¡Sonríe!

¿Sabías que varias investigaciones han llegado a la conclusión de que reír es bueno para la salud? Pero no solo reír; sonreír, tomarse las cosas con buen humor, positivamente, todo ello ayuda a vivir una vida más satisfactoria. Las emociones positivas que produce la sonrisa influyen significativamente en la salud física, emocional y social de las personas. Sonreír ayuda a mejorar nuestra salud y potencia el que nos relacionemos con los demás de forma más positiva y beneficiosa, además de fortificar nuestro sistema inmunitario y ser un mecanismo anti-estrés muy efectivo.

Existe una conexión de doble dirección entre las emociones y los gestos faciales. No sólo mostramos nuestro estado de ánimo con la sonrisa, sino que la sonrisa termina por producir en nosotros sentimientos positivos. Sonreímos porque estamos alegres y estamos alegres porque sonreímos. Una simple sonrisa emite una información a nuestro cerebro que hace que segregue endorfinas. Se trata de un mecanismo parecido al que nos hace salivar con solo oler nuestro plato favorito.

¿Y qué son las endorfinas? Son sustancias naturales producidas por nuestro cerebro, que, entre otras cosas, son analgésicas, es decir, alivian el dolor de una forma más potente que lo pueda hacer la morfina, pero sin efectos secundarios. Además son euforizantes, y desempeñan diversas funciones entre las que destaca un papel esencial en el equilibrio entre el tono vital y la depresión. Al crearlas, nos sentimos extraordinariamente bien, sentimos que la vida vale la pena de ser vivida, que los problemas no son tan importantes y que tenemos recursos para solucionar cualquier situación.

Las endorfinas producen placer y aquello que nos produce placer estimula la fabricación y el flujo correcto de las endorfinas. Tu cuerpo fabrica endorfinas mientras escuchas tu música favorita, cuando miras a los ojos a un bebé, leyendo poesía, cuando nos telefonea la persona amada o recibimos un regalo de ella, cuando nuestro equipo favorito marca aquel gol que le faltaba para ganar la liga, o encontramos por casualidad ese sello que nos faltaba para completar nuestra colección. Si eres deportista, haciendo un sprint o batiendo un récord, o simplemente, haciendo footing todos los días. También con la relajación, o imaginándote un mar tranquilo, oyendo el ruido de las olas, o una mañana de primavera, escuchando cantar a los pájaros, … todo lo que te haga sentir satisfacción.

Tienes un sistema mágico para que tu vida funcione bien. ¡Ponlo a funcionar! ¡¡¡Sonríe!!!”

Aquí tenéis mi artículo de marzo 2014. Espero que os ayude a pasar página.

Me comprendo, te comprendo.

A veces, cuando ocurre algo que no habíamos planeado, alguien nos defrauda,  nosotros defraudamos a alguien o nosotros a nosotros mismos, nos podemos quedar estancados en el enfado, la culpa, el resentimiento, sintiéndonos muy mal. No queremos aceptar lo ocurrido y perseguimos a quien nos dañó, o nos perseguimos a nosotros mismos por haber fallado. No podemos pasar página.

Algo que nos puede ayudar a seguir adelante es la comprensión. Si me pongo en el lugar del otro, y si además recuerdo algún otro momento en el que yo pasé por lo mismo y actué del mismo modo, puedo llegar a entenderle. Esta comprensión me ayuda a aliviar la intensidad de la emoción dolorosa que siento, permitiéndome seguir adelante con más serenidad.

Muchas personas pueden pensar que es muy difícil comprender a los demás, sobre todo si nos sentimos muy mal por lo que nos hicieron, sin embargo los más beneficiados somos nosotros mismos. La comprensión te libera de ataduras que entristecen el alma y enferman el cuerpo. Comprender no significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. No significa que hayas dejado de dar importancia a lo que sucedió ni darle la razón a alguien que te hirió. Simplemente significa que entiendes las circunstancias de esa persona para que actuara como lo ha hecho, y así, podrás dejar de lado aquellos pensamientos negativos que te han causado dolor o ira, dejarlos en el pasado.

Algo crucial a tener en cuenta es que la persona más importante a la que tienes que comprender es a ti mismo/a, por todas las reacciones que tuviste ante las cosas que no sucedieron de la manera que pensabas. Párate a reflexionar y comprende la motivación de tus acciones, que tendrá que ver seguramente con aprendizajes anteriores. Si te has equivocado, asume tu responsabilidad, aprende de tus errores y libérate del sufrimiento. No solucionarás nada machacándote con la culpa y el remordimiento. A muchas personas les resulta fácil entender a los demás, pero les cuesta aceptar y comprender qué ellos se pueden equivocar.

Recuerda que a través del aprendizaje de nuestros propios errores podremos entender los errores de los demás, y podremos poner en marcha los múltiples recursos que tenemos para afrontar cualquier situación nueva e inesperada.”

En mi artículo de febrero 2014 hago una reflexión sobre qué es la inteligencia. Espero que te guste y lo disfrutes!

“¡Tengo recursos!

Puede que muchos de nosotros recordemos cómo nuestros padres nos impulsaban a estudiar y sacar buenas notas, para que pudiéramos demostrar lo inteligentes que éramos. Con esto nos querían enseñar que el colegio, la cultura, los estudios universitarios, eran el medio para conseguir prosperidad y realización en la vida. Hemos llegado a creer que una persona es inteligente si tiene títulos académicos, carreras universitarias, doctorado en matemáticas, física, etc. Sin embargo, hay muchas personas con muchos títulos y mucho conocimiento en idiomas, y no han alcanzado prosperidad ni se sienten realizados como personas.

Esto nos puede ayudar a pensar que la inteligencia no se debe medir por la capacidad de resolver ecuaciones matemáticas sino por la capacidad de tener una vida feliz, viviendo en el presente, y seguir así cada día.

Si eres feliz, si vives en el aquí y ahora, aprovechando al máximo tus recursos y habilidades, entonces eres una persona inteligente. Por supuesto que la capacidad de resolver problemas es una ayuda muy buena para la búsqueda de tu felicidad, pero, a pesar de no tener habilidad para resolver cierto tipo de problemas o situaciones, es tu forma de afrontar dichos problemas lo que te hará ver las cosas de otra manera, y entonces se podrá decir que eres inteligente.

Las personas inteligentes saben cómo “enfrentarse” a los problemas que surjan en sus vidas. No estamos midiendo la inteligencia por la capacidad de “resolver” los problemas sino por la capacidad que tienen de seguir siendo felices y sintiéndose personas valiosas, consigan o no consigan resolver el problema.

Ante una misma situación o problema, hay personas que se desploman, se deprimen y se bloquean, y así no pueden pensar y reflexionar, con lo que no consiguen solucionar nada, además de sentirse muy tristes y poco valiosos. Sin embargo, hay otros que, ante esa misma situación, reconocen que los problemas son algo que forma parte del vivir a diario y los enfrentan con más serenidad, lo que les ayuda a conectar con sus recursos y habilidades, y pueden encontrar muchas posibilidades de actuación ante lo que tienen delante.

Recuerda que la felicidad y la inteligencia no se miden por la ausencia de problemas, sino por tu actitud hacia ellos.”

¡Comienza un nuevo año! ¿Qué le vamos a pedir a los Reyes Magos?

“Queridos Reyes Magos:

“Queridos Reyes Magos, como este año he sido muy buena, espero que me traigáis todo lo que os pido en esta carta: …” Así solíamos comenzar la carta de los Reyes Magos en Navidad, esperando que nos trajeran montones de juguetes y regalos.

Ahora, hemos crecido, pero aún podemos reflexionar qué deseamos para nosotros en este nuevo año. Es un ejercicio muy interesante, que a la vez nos puede decir mucho de nosotros mismos.

Muchos piden dinero, trabajo, salud, amor… y lo piden como si aún estuvieran escribiendo la carta de los Reyes Magos, es decir, desde la fantasía de creer que unos magos vendrán y les darán todo eso, sin que ellos hagan nada.

En estos casos, te puedes preguntar ¿qué hago yo para tener en mi vida dinero, trabajo, salud y amor? ¿Estoy utilizando todos mis recursos internos para ello? Muchas veces no nos damos cuenta que tenemos muchas capacidades y habilidades para conseguir lo que nos propongamos, y solo en situaciones muy difíciles las usamos, sorprendiéndonos de que estuvieran allí.

También es usual hacer propósitos para el año que entra, como: “tengo que ir más al gimnasio, tengo que aprender un idioma, tengo que…” Cuando usas las palabras “tengo que”, tu cerebro lo recibe como una obligación, como algo que te cuesta mucho hacer y que estás retrasando, a veces sin una razón de peso. Los “debo” y “tengo que” forman parte de mi vida comprometida con mis obligaciones, mi trabajo, mis responsabilidades. Si empiezas el año con muchos “tengo que”, pregúntate si todo eso que “tienes que hacer” de verdad “quieres” hacerlo. Los “quiero” tienen que ver con mi decisión, mi vida privada, elegir lo que me apetece y me gusta. Muchas veces, cuando “dejo algo para mañana”, el motivo simplemente tiene que ver con que me estoy cargando con obligaciones que no quiero o no me apetece hacer. Y si de verdad quieres hacerlo, no digas “tengo que” sino “quiero hacerlo”, y verás cómo tu cerebro lo recibe de otra manera, te sientes con ganas de ponerte manos a la obra, te vienen ideas, formas de conseguir lo que deseas y tu actitud hacia ello es más positiva.

“Queridos Reyes Magos: os doy las gracias porque me habéis dejado en mis zapatos todos los “quiero” que me hacen feliz: disfrutar, jugar, reír, divertirme,…. Gracias, gracias, gracias”.

Este es mi artículo de diciembre 2013. Un precioso cuento de Navidad.

“Cuento de Navidad. 

Érase una vez un país que tenía muchos habitantes, un Rey y sus Ministros, que se encargaban de que en el país reinara la Armonía. Este reino estaba lleno de sorpresas, de momentos alegres, de abundancia, de bienestar, y de esas riquezas indescriptibles que se sienten y no se ven.

- Su Primer Ministro se llamaba Don Respeto, y éste ponía los límites con cariño a todos sus habitantes.

- El Ministro/a de Economía, Don Abundancia, se ocupaba de que todos, gracias a su trabajo, tuvieran dinero para vivir con todo tipo de comodidades.

- El Ministro/a de Hacienda, Don Seguridad, se encargaba de que todos contaran con una casa cómoda y calentita.

- El Ministro/a de Educación, Don Sabiduría, cuidaba de que todos los niños aprendieran jugando, para que se convirtieran en adultos sabios y divertidos.

- El Ministro/a de Obras Públicas, Don Serenidad, trabajaba en construir carreteras y calles suaves, para que todos los que las iban pisando, según caminaban, se fueran relajando.

- El Ministro/a de Sanidad, Don Salud, tenía poco trabajo, pues todos los habitantes estaban sanos y fuertes, así que ponía a los médicos a investigar en I+D para mejorar aún más el bienestar de todos.

- El Ministro/a de Cultura, Don Creatividad, se ocupaba de que todos los ciudadanos tuvieran sueños y supieran cuentos para contar a sus hijos y nietos.

- El Ministro/a de Agricultura, Don Ecología, cuidaba que todos comieran sano y recomendaba a los habitantes que plantaran muchos árboles y los regalaran.

- El Ministro/a de Justicia, Don Responsabilidad, era el que menos trabajo tenía de todos, ya que los habitantes de este país eran honestos y responsables, y no necesitaban de sus servicios.

- El Ministro/a de Servicios Sociales, Don Amor, se ocupaba de ayudar y enseñar a los habitantes a entender, aceptar, comprender, amar, y, cuando eran adultos, se ocupaba de recomendar juegos sexuales.

- Por último, el Rey, que se llamaba Autoestima, era el encargado de dirigir el trabajo de todos los Ministros/as.

En estas Navidades, vamos a reconocer en nosotros a este país tan maravilloso, llamado Ser Humano, sano, fuerte y feliz…

¡FELIZ NAVIDAD!”

Os presento mi artículo publicado en noviembre 2013. Una pequeña ayuda a los que están de duelo.

“¡¡¡Tú puedes superar tus pérdidas!!!

Todos hemos pasado por momentos difíciles al perder a alguien importante en nuestras vidas, así como también nos hemos enfrentado a pérdidas importantes para nosotros, como puede ser trabajo, salud o bienes….

El duelo, como dice la palabra, “duele”, y ese dolor aparece en mí cuando me doy cuenta que he sufrido una pérdida importante, y termina cuando he superado esa pérdida, cuando la he aceptado y he aprendido a vivir sin ello. Es un proceso natural del ser humano y no se puede escapar de él, ya que, si lo evitas, para no sufrir, tarde o temprano aparecerá de nuevo.

¿Cuánto dura un duelo? Depende de la personalidad de cada individuo, si la pérdida es pequeña o grande, del apego que tenías a esa persona, de tu forma de afrontar los problemas, etc. Cada uno tiene sus propios tiempos, pero según los técnicos, el duelo por un ser querido dura de uno a dos años. Así pues, no hay que tener prisa.

Si has perdido a alguien, te has separado o divorciado, has perdido tu trabajo, o simplemente te enfrentas a una pérdida importante en tu vida, quizás te sirvan estas orientaciones:

- Permítete sentirte mal. No reprimas las lágrimas, ya que te ayudan a liberar tensión.

- No tomes decisiones importantes en estos momentos. Déjalas para más adelante, para cuando puedas pensar con más claridad.

- Confía en ti y en tus recursos. Recuerda todas las veces que te has enfrentado a situaciones difíciles y las has superado.

- Habla de lo que pasó, de las circunstancias, ya que te ayudará a ir aceptando la situación.

- No quieras terminar antes de tiempo, sé paciente, respeta tus tiempos y haz que los demás también lo respeten. No permitas que vengan a decirte que ya tendrías que haberte recuperado.

Y si después del primer año, sigues bloqueado/a, sintiéndote mal, pide ayuda psicológica.

Por último, cuando todo haya pasado, permítete ser feliz, disfrutar, divertirte, etc. sin sentirte culpable. Tu vida sigue y te quedan cosas maravillosas por vivir.”

Aquí está mi artículo publicado en octubre 2013. Da qué pensar…

¿Te puedo ayudar?

¿Te gusta ayudar a los demás? ¿Eres de los que van ofreciendo su ayuda a todo el que se cruza en tu camino? Ayudar a los demás es muy gratificante para el que presta la ayuda y para el que la necesita de verdad.

Sin embargo, cuando vamos a ayudar a alguien, es bueno tener en cuenta algunas cosas y tener claros algunos conceptos.

Cuando quieras ayudar a alguien, ofrecer tu ayuda, piensa que esto no siempre significa que puedes ser de ayuda a esa persona. Párate a pensar cuáles son tus motivos. Si buscamos consolar y animar a alguien que está de duelo, quizá nos estamos sintiendo mal por el sufrimiento del otro y buscamos sentirnos nosotros mejor, aliviando el del otro, sin tener en cuenta que cada persona tiene sus tiempos para elaborar sus pérdidas. En estos casos, se ayuda más acompañando y escuchando al que está triste, sin hacer nada más.

Si partimos de nuestra propia necesidad, es decir, de necesitar que nos necesiten para que nuestra vida tenga sentido, haremos más de lo que nos corresponde hacer a la vez que nos hacemos exigentes con los demás, pues les exigimos la misma entrega que nosotros tenemos.

Otro punto a tener en cuenta es que, cuando voy a ayudar a alguien, parto de la posición de que yo sí sé lo que te pasa a ti y sí sé qué necesitas, y tú no lo sabes (sin tener en cuenta que yo puedo equivocarme). Nos sentimos muy importantes al ayudarles y, a la vez, a ellos los hacemos dependientes de nosotros, con lo que les privamos de la posibilidad de que ellos mismos sean los que encuentren la respuesta a lo que les preocupa y de que sientan esa satisfacción interna de haber podido ellos solos solucionar sus problemas (porque ellos sí saben qué les pasa). Por tanto, pregúntate primero si te han pedido ayuda o están intentando encontrar ellos solos la solución, porque casi siempre, la mejor ayuda es acompañar y no ayudar.

Con todo esto lo que quiero decir es que sí es bueno ayudar, pero no decidiendo por el otro sino ofreciéndole apoyo e ideas que le permitan a él encontrar sus propias soluciones.”

Os presento mi artículo publicado en septiembre 2013. ¡Pensad en ello!

Tu opinión es importante.

A lo mejor te reconoces en alguna de estas conductas: cambiar de forma de pensar o suavizar lo dicho ante la desaprobación de alguien, adular al otro aunque no estés de acuerdo con él o ella para recibir cariño, sentirte triste cuando no te dan esa aprobación, comprar algo que no quieres o no te gusta, por sentirte intimidado por un vendedor agresivo, pedir permiso a tu pareja o a tus padres para hacer algo porque temes su desagrado, etc. Todas estas actividades se suelen hacer para buscar la aprobación de los demás.

Los niños pequeños necesitan la aprobación y aceptación de sus padres. Su apoyo les ayuda a crear confianza en ellos mismos. Y esta aprobación debe ser dada libremente, no como premio a la buena conducta, para que no confundan su propio valor como personas con tener o no tener esa aprobación.

Claro que nos gusta que nos alaben, nos adulen, y nos reconozcan, pero si para ti es una necesidad, si no consigues esa aprobación te sentirás triste, hundido e inmovilizado. Pensarás que no vales nada y con ello estás diciéndote a ti mismo que te importa más lo que los demás piensen de ti que lo que tú piensas de ti mismo/a. Además, la otra persona tiene en sus manos un gran poder de manipularte, ya que puede usar esa aprobación para que te comportes como él o ella quieran.

Fíjate en cómo hablas, ¿eres de los que, tras dar tu opinión preguntas pidiendo aprobación? (como por ejemplo: “es una idea estupenda, ¿no?”).

Es importante que te des cuenta que es imposible vivir complaciendo a todos, sin provocar la desaprobación de alguien. Siempre habrá alguna persona que no esté de acuerdo contigo, digas lo que digas, hagas lo que hagas y pienses lo que pienses. Y si alguien te dice que le desagrada lo que has dicho, acepta lo que te dice y reflexiona, pues siempre nuevas ideas pueden enriquecerte y completar tu pensamiento.

Por último, recuerda que tú vales por lo que eres, por lo que sientes, por lo que piensas, por lo que haces y dices… por todo tú.”

Mi artículo publicado en agosto 2013. Una bonita reflexión.

¡¡¡PUEDES!!!

¿Cuántas veces has querido hacer algo, enfrentarte a una situación que considerabas difícil, hablarle a ese chico o esa chica y decirle lo que sientes, pedir un aumento de sueldo, o simplemente, exponer ante un grupo tus opiniones? Te dices a ti mismo que no puedes, que quieres de verdad hacerlo pero es superior a ti y no puedes.

Hay un cuento muy bonito e ilustrativo, que Jorge Bucay relata en su libro “Cuentos para pensar”. El cuento se llama “El elefante encadenado”, (Bucay, 2002). Resumiendo un poco, la historia habla de un niño que, cada vez que iba al circo, se preguntaba porqué el elefante, ese animal tan grande y con tanta fuerza, estaba sujeto solamente por una cadena alrededor de una pata y con una pequeña estaca clavada en el suelo. No entendía cómo no huía tirando de la estaca, cuando es un animal que puede derribar árboles. Cuando preguntaba a los adultos, le decían que estaba amaestrado. Pero si estaba amaestrado, no tendrían que encadenarle… Un día por fin encontró la respuesta: el elefante del circo no escapaba porque ha estado atado a una estaca parecida desde que nació. Desde pequeño, el elefantito tiró y tiró día tras día de esa cadena y de esa estaca sin poder soltarse, hasta que un día terrible y desafortunado aceptó su impotencia y se resignó. Ahora, de adulto, aún sigue creyendo que no puede y jamás se ha vuelto a cuestionar lo contrario.

Cuando éramos pequeños, abiertos a experimentar lo nuevo, probamos a hacer muchas cosas que, por la edad que teníamos o por las circunstancias de entonces, no pudimos conseguir, y entonces grabamos en nuestro recuerdo esa impotencia, ese “no puedo”. Luego crecimos, nos hicimos adultos, y algunos de nosotros no nos dimos cuenta que tanto nosotros como las circunstancias han cambiado. Hemos seguido con ese recuerdo de que no podíamos, y no lo hemos vuelto a intentar.

La buena noticia es que sí puedes, si de verdad quieres. Sólo tienes que dejar a un lado aquella experiencia del pasado e intentarlo de nuevo, poniendo todo tu empeño.

Y recuerda, todos tenemos capacidad para hacer muchas cosas, sólo tienes que creer que puedes hacerlo y así pondrás los medios y recursos necesarios para ello y lo conseguirás.”

Y aquí está mi artículo publicado en julio 2013. ¡Disfrutadlo!

Mejor acompañados que solos.

Empieza el verano, y llega el buen tiempo, las vacaciones, las ganas de salir, de quedar con amigos, de divertirnos, etc. Tener amigos, apoyo social, es muy importante en nuestras vidas. Un amigo te acepta tal como eres, te escucha, te ayuda, llora contigo cuando estás triste y ríe contigo cuando estás alegre. Y lo mismo haces tú con él.

Todos queremos tener amigos/as, pero hay algunas personas que les cuesta un poco más hacer nuevas amistades. Si te encuentras entre ellas, quizás te ayuden estas orientaciones:

- Antes de “lanzarte” a conocer nuevos amigos/amigas mira en tu interior y conócete mejor. Reconoce tus puntos fuertes, tus gustos, tus pasiones, tus hobbies y eso te dará una idea de dónde buscar personas con las mismas pasiones y hobbies, para que tengáis mucho que compartir y disfrutar.

- Cuando empieces a conocer gente, escúchales, interésate por lo que dicen, en vez de hablar exclusivamente de ti mismo/a.

- Dirígete a ellos/ellas por su nombre, así mostrarás cercanía.

- Si alguna vez te preguntan tu opinión sobre un tema delicado, y crees que tu respuesta pudiera molestar al otro, piensa primero y, siendo fiel a tus ideas, suavízala para que al final os entendáis y os sintáis bien.

- Piensa que es muy difícil que todos opinen igual que tú, así que acepta que los demás son diferentes y recuerda que ambos os podéis enriquecer con esas diferencias.

Por último recuerda que la amistad es una relación de dar y recibir. Ayuda a llenar la necesidad de las personas de estar acompañados y sentirse comprendidos y queridos. Es una fuente de disfrute y enriquecimiento personal, aprendemos a dar y recibir cariño, a ser más generosos, a desarrollar nuestra empatía, poniéndonos en el lugar del otro, pero además podemos aprender de las experiencias del otro, de sus conocimientos y vivencias.”

Mi artículo publicado en junio 2013. ¡Espero que os ayude su reflexión!

“¡Di adiós a la culpa y hola a la responsabilidad!

¿Cuántas veces te has sentido mal por algo que has hecho o has dejado de hacer y que ha causado daño a ti o a otras personas? Te puedes sentir triste, angustiado/a, o quizás puedes llegar a bloquearte o deprimirte, además de perderte el presente, tu presente, por seguir con tu mente en ese hecho o situación del pasado.

O puede que tengas tendencia a culpabilizar a los demás de hechos que has realizado tú, para eludir la responsabilidad y las consecuencias de dichas acciones, creyendo así que estás salvando la aceptación de los demás. Pero así no te vas a sentir mejor, ya que no estás siendo fiel a tus valores y principios.

Entonces, ¿qué puedes hacer? Puedes utilizar ese sentimiento de culpa para reflexionar, pedir perdón, aprender, crecer y convertirte en la persona que quieres ser. Así habrás cambiado el sentimiento de culpa por el de responsabilidad. Repara el daño que has hecho, con palabras y/o acciones. Y si la persona a la que queremos resarcir ya no está presente, podemos hacer algo en nombre de ella o podemos compensar a terceras personas.

Y después de asumir responsabilidades por lo que hiciste y reparar el daño, decide lo que vas a hacer para asegurarte de que tus actos futuros estén en armonía con tus principios. Entonces podrás perdonarte a ti mismo para liberarte del sufrimiento.

Es importante tener en cuenta el diferenciar entre la culpabilidad justificada, esa que sentimos cuando hemos cometido una falta con un perjuicio real a alguien, y la culpabilidad que se siente sin haber cometido una falta, como por ejemplo la persona que se siente culpable por la enfermedad de un ser querido, por no ser tan brillante como su hermano, por no visitar a sus padres más a
menudo, etc. Aquí también pueden entrar en juego frases que te repitieron una y otra vez cuando eras más pequeño/a, como “tienes que esforzarte más para ser como tu hermano” o “si no vienes a verme, me sentiré muy mal”. Quieren hacerte sentir culpable si no haces las cosas como ellos quieren o simplemente quieren aprovecharse de ti. Tú no tienes el poder de hacer feliz o infeliz a otra
persona. Ni ella a ti. Cada uno es responsable de lo que siente. No es la situación o las persona las que nos hacen infelices o sentirnos culpables sino lo que yo pienso de esa situación o de esas personas. Por eso es tan importante que nos hagamos responsables de nuestros actos, aprendiendo a tomar contacto con nosotros mismos. Así sentiremos que somos maravillosos por lo que somos, no por lo que hagamos.”

Aquí tenéis el segundo de mis artículos, publicado en mayo 2013. ¡Espero que os guste y os ayude!

¿Te quieres? ¿Te aceptas? ¿Te valoras?

¿Cuántas veces hemos oído desde pequeñitos a nuestros padres decirnos “Piensa en los demás”, “Comparte”, “No seas egoísta”…? Hemos crecido pensando que los demás eran siempre más importantes que nosotros y hemos actuado en consecuencia, para que nos dijeran “¡qué buena persona eres!” en vez de “¡qué egoísta eres!”.

Sin embargo, el darte a los demás, el amar a los demás, tiene mucho que ver con cómo te quieres a ti mismo, cómo reconoces lo que vales. Lo verás claramente con el siguiente ejemplo: Imagina que viene un amigo o amiga y te pide una herramienta para arreglar algo, o un paraguas porque empieza a llover, etc. Vas al armario y se lo dejas, porque sabes que lo tienes. Ahora imagina que viene a pedirte un collar de diamantes, para una fiesta, o que le dejes 30.000 euros para unos pagos que tiene que hacer. Por mucho que quieras ayudar a tu amigo/a, difícilmente puedes darle algo que no tienes. De la misma manera, si no te quieres a ti mismo/a, si no te crees valioso/a, ¿qué valor puede tener el amor que das? Tampoco podrías recibir amor porque nadie da amor a quien no se ama a sí mismo, ya que los demás aprenden a tratarte viendo cómo te tratas a ti mismo. Es por ello que hay que empezar por amarse a uno mismo, aceptarse, valorarse, para poder dar, darse a los demás.

Otra idea importante es que no debes confundir tu valor como la persona única en el mundo que eres, con tu comportamiento o con el comportamiento que los demás tienen contigo. Tu valía no depende de lo que los demás piensen. Tú eres quien decide lo que tú vales, y no necesitas que los demás te lo digan, te apoyen o te refuercen. Así, si no obtienes ese refuerzo, tu autoestima no se verá afectada.

Algo a tener en cuenta es que si nos aceptamos como somos, con nuestras virtudes y nuestros errores, no quiere decir que debamos aprobar todo lo que somos. La aceptación es el primer paso para cambiar lo que no nos gusta de nosotros mismos. Y al igual que cuando tenemos que corregir a otras personas no queremos hacerles daño, deberíamos actuar igual con nosotros mismos y tratarnos con respeto y amor.

Por último, tened cuidado con rechazar los elogios que recibáis de vuestras habilidades, vuestros talentos, diciendo que no es nada, que es gracias a mi marido, mi mujer, mi amigo, etc. El aceptar los cumplidos forma parte importante del valorarnos y querernos. Puedes contestar con un “gracias” y aceptar ese refuerzo porque ¡te lo mereces!”

Quiero compartir con vosotros unos artículos de psicología que estoy publicando en la revista SuresteMedia. Os presento mi primer artículo, publicado en el número de abril 2013. Espero que os guste y os ayude.

Ser capaz de conseguir lo que quieras.

A veces, queremos hacer muchas cosas y nos damos cuenta que ha terminado el día y no hemos hecho ni la tercera parte de lo que queríamos hacer. Quizás se trata de objetivos en el trabajo, de estudiar para un examen, tareas a hacer en casa, o búsqueda de trabajo, por ejemplo. Empezamos a pensar que hemos perdido el tiempo, o que quizás necesitamos un día de 30 horas en vez de 24. ¿Qué nos ha pasado? Le damos vueltas, nos preocupamos, nos agobiamos y acabamos culpabilizándonos por no haber hecho todo. Y así un día tras otro.

La preocupación nos hace sentir mal y nos paraliza. En vez de “pre-ocuparnos”, podemos “ocuparnos” de lo que queremos hacer. ¿Pero cómo? Aquí tienes algunas ideas:

- Puedes empezar por averiguar cuál es tu meta, tu propósito. Piensa en lo que quieres hacer, no en lo que no quieres hacer. Piensa en lo que harás, en vez de fumar, enfadarte, quejarte, agobiarte…

- Examina tus objetivos. ¿Son demasiado amplios? ¿Demasiado grandes? ¿Demasiado inalcanzables? Es mejor empezar por objetivos fáciles y asequibles a corto plazo. El conseguirlos nos animará a seguir adelante con el resto.

- Crea un plan. ¿Qué harás? ¿Cuándo lo harás? ¿Cómo lo harás? Es importante que concretes. No es lo mismo decir “Quiero aprobar el examen” que decir “voy a estudiar de lunes a viernes desde las siete hasta las once y los sábados, todo el día”. Y responsabilízate de cumplir ese plan.

- Párate a pensar qué te está paralizando. Puede que si lo miras desde otra perspectiva, se vea mejor, más claro. Si te agobia el tener que atravesar un bosque muy grande, céntrate en el primer árbol, luego el segundo, luego el siguiente. Y así hasta que descubras que lo has atravesado casi sin darte cuenta.

- No te boicotees a ti mismo. No pongas excusas para no hacer nada o te conformes con decir “lo he intentado”. Tienes los recursos necesarios para conseguir lo que te propongas. Si quieres hacerlo, hazlo, no lo intentes.

Y si en alguna etapa del camino fracasas, no lo tomes como algo definitivo. Busca que puedes aprender de la situación, examina tu plan por si puedes mejorar algo y vuelve a “ocuparte” para conseguir tus objetivos, tu meta”.

Ahora os presento el libro “Cuando digo no, me siento culpable”, de Manuel J. Smith. Este es un libro que, con técnicas sencillas, nos ayuda a decir lo que pensamos y sentimos sin dejarnos manipular por el otro. Esta es la contraportada. ¡Adelante!

“Tanto en nuestra vida profesional como en la social o familiar, todos nosotros tenemos constante necesidad de relacionarnos con otras personas. Unas relaciones que a veces se convierten en una tortura: cuando sentimos que manipulan nuestra voluntad para plegarla a sus proyectos… y, aun sabiéndolo, somos incapaces de negarnos. A partir de técnicas conductistas, Cuando digo no, me siento culpable ofrece un método fácil y de excelentes resultados para afirmar los propios derechos y aspiraciones sin necesidad de manipular los ajenos, y sin tener las frustrantes reacciones defensivas que, a veces con incomodidad, experimentamos”.

(Smith, M.J. (2011). Cuando digo no, me siento culpable. Barcelona: Debols!llo Clave).

El libro que quiero compartiros ahora es: “El Camino de las Lágrimas”, de Jorge Bucay. Es un libro maravilloso y sencillo que nos ayuda a entender qué está pasando en nuestro interior cuando tenemos una pérdida, ya sea por muerte de un ser querido, por separación o divorcio, por pérdida de trabajo o cualquier cambio importante en nuestras vidas. Aunque son etapas difíciles, quiero aseguraros que se sale de ellas. El camino y la salida es mejor si lo haces acompañado o acompañada de un terapeuta. Esta es la contraportada de esta edición. ¡Espero que os ayude!

“La autodependencia, el amor, el dolor y la felicidad son los cuatro caminos que, según Jorge Bucay, conducen a la plenitud del ser humano, cuatro trayectos que cada uno ha de recorrer desde su experiencia personal y a su propio ritmo. El Camino de las Lágrimas es el más duro de los caminos, el del duelo y las pérdidas, pero es imprescindible porque no podremos seguir rumbo si no dejamos atrás lo que ya no está con nosotros.”

(Bucay, J. (2003). El Camino de las Lágrimas. Barcelona: Debols!llo).

Comparto con vosotros otro excelente libro: “Usted puede sanar su vida”. Su autora es Louise L. Hay. Es una mujer llena de fuerza y de energía positiva. En este libro nos muestra las pautas que puedes seguir tú mismo/a para cambiar la realidad de tu vida que no te gusta y conseguir tus objetivos. Esta es la contraportada. ¡Seguro que os gusta!

“El mensaje de Louise L. Hay es muy sencillo: la clave para determinar nuestro futuro se encuentra en nuestra mente, en lo que pensamos de nosotros. Cuando creamos paz, armonía y equilibrio en nuestras mentes, los encontramos en nuestras vidas. A partir de estos principios, la autora nos sugiere una forma de vivir que tendrá como resultado una mayor autoestima, una convivencia en paz con nosotros mismos y los demás y la posibilidad de conseguir lo que queremos para nuestras vidas. También nos ofrece una herramienta para luchar contra las enfermedades que nacen de los estados anímicos, con una lista de probables causas y la actitud mental adecuada para combatirlas. Una obra concebida como una vivencia cercana y personal con la autora, que comparte su propia experiencia vital para mostrarnos cómo es posible cambiar nuestras vidas”.

(Hay, L.L. (1989). Usted Puede Sanar su Vida. Barcelona: Ediciones Urano).

Recomiendo este libro de Wayne W. Dyer a todo aquel que quiera acercarse por primera vez a un libro de autoayuda. Tiene palabras muy sencillas y  cada capítulo está escrito como si fuera una sesión de psicoterapia. Te ayuda a reflexionar con ejemplos muy claros. Os adelanto la contraportada del libro. ¡Disfrutadlo!

 “¿Tienes a veces la sensación de estar desbordado por la existencia? ¿Paralizado por compromisos –afectivos, laborales…- que ya no te satisfacen? ¿Dominado por complejos de culpa o inseguridad? No proyectes tu insatisfacción en otros, la causa está en ti, en las zonas erróneas de tu personalidad, que te bloquean e impiden que te realices. Esta obra, quizá la más leída y respetada de toda la literatura de autoayuda, muestra dónde se encuentran, qué significan y cómo superarlas. Todo ello contado con la amenidad y sencillez de quien sabe que puede cooperar en la mejora de la vida de los otros”.

 (Dyer, W.W. (2009). Tus Zonas Erróneas. Barcelona: Debolsillo).