Carla y Ana estaban hablando sobre la Fiesta de la Primavera del Campus. Carla, entusiasmada, dijo: “¡Tengo muchas ganas de ir a la fiesta, Ana! Ya terminamos los exámenes y hay que celebrarlo”. Ana no sonreía y dijo: “Yo no sé si voy a ir”. Carla entonces le preguntó: “¿Por qué no vas a ir? Has sacado buenas notas. No tienes excusa”. Ana contestó: “Ya fui a la fiesta de Carnaval y lo pasé mal. Julio estaba por allí y me fastidió toda la noche”. Carla le preguntó: “¿Todavía estás de duelo? Ya hace casi un año que lo dejasteis”. Ana contestó: “Creo que ya he hecho el duelo, pero él me fastidió toda la fiesta, diciendo comentarios irónicos alguna que otra vez, y ligando delante de mí con todas las que se le acercaban…”.
Carla reflexionó unos instantes y dijo: “Ana, Julio no te ha hecho nada”. Ana preguntó: “¿No has oído lo que te he dicho? Me fastidió la fiesta…”. Carla dijo: “Sí te he oído. Pero estás equivocada. Julio no te hizo nada. Julio hizo cosas y tú decidiste reaccionar así”. Ana iba a protestar, pero Carla hizo un gesto con la mano para que esperara y siguió hablando: “Mira Ana, no podemos controlar lo que hagan los demás, pero sí podemos decidir si nos afectan o no, y si responder o no. Me dices que él hacía comentarios y ligaba delante de ti. Dime: Si esos comentarios los hubiese hecho otro de los chicos, ¿te habrían afectado igual?” Ana contestó: “Me hubieran parecido de mal gusto, pero no les habría prestado atención”. Carla siguió: “Ahí tienes la prueba. Si no pudieras decidir, te tendrían que haber afectado igual. Sin embargo, tú decidiste que los actos de Julio te afectaran. Le diste a él el poder de cómo sentirte. Él se dio cuenta que estabas afectada por lo que él hacía y siguió haciéndolo. Desde mi punto de vista, eso tiene dos lecturas: la primera, que hiciste bien en dejar una relación en la que él ve que te molestan cosas y las sigue haciendo. Y la segunda lectura es que parece que todavía no has terminado el duelo por él. Si lo hubieras cerrado ya, no te importaría lo que Julio hiciese. Si tienes problemas para terminar un duelo, puedes pedir ayuda a una Psicóloga”.
Ana reflexionó unos instantes y dijo: “Creo que tienes razón Carla. Parece que todavía tengo que cerrar este duelo… Aun así, no le voy a dar ni a él ni a nadie el poder de decidir cómo sentirme”. Carla dijo finalmente: “Eso es. Recuerda que la gente no te hace cosas. La gente hace cosas y tú decides si te afectan o no”. Ana dijo: “Sí, Carla, a partir de ahora yo decido. ¡Muchas gracias por tus palabras!”.
María Becerra
Psicóloga, Clínico EMDR
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