Susana fue a casa de Luisa a verla y Luisa la invitó a quedarse a desayunar. Mientras charlaban, Luisa se puso a hacer café, calentar la leche y hacer tostadas. Como seguían charlando, Luisa no se dio cuenta y se le quemaron las tostadas. Luisa dijo: “¡Ay, vaya por Dios! Se me quemaron”. Susana dijo: “No te preocupes. Es normal que se te hayan quemado. Estamos charlando y estás a muchas cosas a la vez. Tíralas. Tienes pan de sobra. Podemos hacer más”. Luisa dijo entonces rápidamente: “No, está bien, no pasa nada. Estas me las como yo y ahora te hago otras nuevas para ti”.Susana pensó unos instantes y dijo: “No. Dámelas a mí”. Luisa, con cara de enojo, dijo: “¡Claro que no! ¿Cómo se te ocurre decir eso? No te voy a dar unas tostadas quemadas. No te preocupes. Como has visto, tengo más pan. Ahora prestaré más atención y ya verás como no se me queman”. Susana entonces preguntó: “¿por qué no me las das a mí en vez de comértelas tú?”. Luisa contestó: “No te voy a dar algo que no está bien”.
Susana dijo: “Vale. Ahora piensa un momento. Si estuviéramos en mi casa en vez de en la tuya, y yo estuviera haciendo las tostadas, si te doy unas tostadas quemadas, ¿te gustaría?” Luisa pensó en ello y contestó: “A lo mejor no te diría nada para que no te sintieras mal, pero me molestaría que me dieras tostadas quemadas, cuando yo no te las daría a ti…”. Susana dijo entonces: “No te preocupes. Yo tampoco te daría unas tostadas quemadas. Como tú, “yo no hago a los demás lo que no me gustaría que me hicieran a mí”. Pero hace poco escuché una segunda parte de ese dicho: “No te hagas a ti misma lo que no harías a los demás”. Y es tan importante como la primera parte. ¿Lo ves?” Luisa preguntó: “¿Qué quieres que vea?” Susana contestó: “Luisa, cuando hace un momento a ti se te han quemado las tostadas, has dicho rápidamente que te las comías tú. Si tienes muy claro que no me darías a mí tostadas quemadas y que te molestaría que yo te las diera a ti, ¿por qué “te haces a ti lo que no harías a los demás”?”
Luisa pensó unos instantes, y dijo finalmente: “Tienes razón, Susana. Nunca había escuchado esa segunda parte. Tengo claro lo que no haría a los demás y no me había dado cuenta de que eso me lo estaba haciendo a mí misma. A partir de ahora, pensaré mucho más en ello y procuraré no volver a hacerme lo que no haría a los demás. Yo también tengo derecho a tener tostadas bien hechas. Voy a tirar estas tostadas quemadas y voy a hacer nuevas para las dos. ¡Muchas gracias por tus palabras!
María Becerra
Psicóloga, Clínico EMDR
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