Rosa llamó por teléfono a Lucía para quedar y tomar algo. Rosa dijo: “Hola Lucía. Mañana sábado voy por la mañana a la peluquería. Podríamos quedar después y tomar algo. Hace mucho que no te veo”. Lucía dijo: “Hola Rosa. Sí, es verdad, hace mucho que no nos vemos. Pero mañana lo tengo difícil”. Rosa le preguntó: “¿Te toca trabajar en sábado? Creía que solo trabajabas de lunes a viernes…”. Lucía contestó: “No trabajo. Es que mi hermana quiere ir a la peluquería y voy a cuidar de sus hijos». Rosa le preguntó: “¿Los sábados no está tu cuñado en casa?” Lucía contestó: “Sí, pero los sábados por la mañana suelo ir a ver a mis sobrinos. Entre semana no los puedo ver y mi hermana aprovecha para salir”. Rosa preguntó: “¿Y cuando vuelva tu hermana?” Lucía contestó: “Luego iba a llegarme a casa de mis padres a hacerles la comida y ver si necesitan algo. Y luego iré a la compra y cocinaré y limpiaré mi casa. No me da tiempo a salir…”. Rosa dijo entonces: “Bueno, Lucía, parece que seguiremos sin vernos. Tenía ganas de verte y charlar…”. Lucía dijo rápidamente: “Rosa, yo también tengo muchas ganas de verte, pero no me da la vida para todo…”.
Rosa pensó unos instantes y dijo: “Lucía, hace mucho que somos amigas y te conozco bien. ¿Puedo decirte lo que pienso?” Lucía contestó: “¡Claro! Tú siempre me das muy buenas ideas”. Rosa continuó: “No puedes dar lo que no tienes”. Lucía le dijo: “No te entiendo Rosa. ¿A qué te refieres?” Rosa le preguntó a su vez: “Dime una cosa, ¿si tu móvil estuviera al 20% de batería, me lo dejarías para usarlo durante un rato?” Lucía contestó: “Pues me dolería no poder ayudarte, pero no te lo podría dejar, porque le quedaría muy poca batería y yo la necesito por si me surge una urgencia. Pero si estuviera la batería totalmente llena, sí te lo dejaría”.
Rosa sonrió y preguntó: “Lucía, ¿cuánto hace que tú no vas a la peluquería?” Lucía contestó: “Uff, ya ni me acuerdo. Es que no tengo tiempo…”. Rosa dijo entonces: “Mira Lucía, entiendo que quieras ayudar a tu familia, pero tendrías que darte prioridad a ti misma antes que a los demás”. Lucía enseguida preguntó: “¿Me estás diciendo que sea egoísta y que no ayude a mi familia?” Rosa contestó: “No te estoy diciendo eso. Cogiendo el ejemplo que te dije antes del móvil, seguro que lo primero que haces cuando te despiertas es recargar el móvil, porque si no lo recargas, o si gastas la batería en exceso, sin haberla recargado antes, te quedas sin el móvil antes de que acabe el día, y sería un problema para ti. Cuando lo necesites de verdad, no podrás usarlo. Ocuparte de ti misma es como cargar la batería de tu móvil. Si te ocupas primero de ti misma, estarás llenando “tu batería”. Y cuando esté llena, puedes ayudar a quien quieras, porque tienes energía suficiente para ti y los demás”.
Lucía preguntó: “¿Y cómo lleno “mi batería”?” Rosa contestó: “Hay muchas formas. Piensa en cosas que te gustaría hacer y no haces”. Lucía pensó unos instantes y dijo: “Podría empezar por verte mañana. Voy todos los sábados a ver a mis sobrinos. No pasa nada por uno que no vaya. Y podría decirle a mi hermana que mañana sábado su marido puede cuidar de sus hijos mientras ella va a la peluquería y luego puede ir ella a ver a nuestros padres y ver qué necesitan. O llevarles algo ya preparado para comer. Y mientras, yo podría ir contigo a la peluquería y luego podemos tomar algo”. Rosa dijo: “¡Genial Lucía! Así nos podremos ver y ponernos al día. Y luego, ¿cómo vas a seguir “recargando tu batería”?” Lucía contestó: “Podría dedicar el sábado a mí misma, a lo que yo necesite, para luego, o al día siguiente, decidir si voy a ver a mispadres o a mi hermana. Se me ocurre que podríamos ponernos de acuerdo mi hermana y yo en turnarnos en atender a nuestros padres”.
Rosa dijo: “¿Ves? Al final, con un poco de reflexión, vas a poder hacer todo lo que quieres”. Lucía dijo: “Tienes razón Rosa. No lo había visto desde ese punto de vista. Yo quiero ayudar a mi familia, pero primero tengo que “cargar mi batería”. Si no, no podré ayudarme a mí misma ni ayudarles a ellos. A partir de ahora “recargaré mi batería” antes que nada. ¡Muchas gracias por tus palabras!”
María Becerra
Psicóloga, Clínico EMDR