Carlos llevaba toda la mañana con el ordenador y el móvil, muy concentrado, cuando su abuelo pasó por su lado y le preguntó: “¿Ha pasado algo Carlos? Te veo nervioso”. Carlos contestó: “Hola abuelo. Es que me han ascendido en mi puesto de trabajo y estoy buscando un local para celebrarlo con todos mis amigos”. Su abuelo preguntó: “¿Tantos amigos tienes que necesitas un local?” Carlos contestó: “Tengo muchos. Mira mi Instagram, son casi doscientas personas…”.
Su abuelo pensó unos instantes y le dijo: “Te voy a contar una historia antigua que he leído hace poco en el Facebook de Jorge Bucay”. Carlos hizo ademán de hablar, con cara de “no me interesa”, pero su abuelo le dijo: “Dame cinco minutos”. Carlos aceptó con aspavientos y su abuelo empezó a contarle:
“Un hombre sacrificó una vaca grande, encendió la parrilla y le dijo a su hija: «Hija, llama a nuestros seres queridos y vecinos para que coman con Nosotros… ¡Démosle un festín!» Su hija salió a la calle y comenzó a gritar: «¡Por favor, ayúdanos a apagar un incendio en la casa de mi papá!». Después de unos momentos, salió un pequeño grupo de personas; y el resto hizo como si no oyeran los gritos de auxilio. Los que vinieron comieron y bebieron hasta hincharse. El padre atónito se volvió hacia su hija y le dijo: «Hija, no conozco a ninguna de las personas que vinieron, nunca las había visto antes. ¿Dónde están nuestros seres queridos, familiares y colegas?». La hija dijo: «Estas personas salieron de sus hogares para ayudarnos a apagar un incendio en nuestra casa, no para la fiesta. Estos son los que merecen nuestra generosidad y hospitalidad».
Carlos preguntó: “¿Qué me quieres decir con esto abuelo?”. Su abuelo preguntó a su vez: “¿Conoces el Principio de Pareto, la regla del 80/20?”. Carlos puso cara de no saber de qué se trataba, y su abuelo siguió hablando: “Esta regla del 80/20 vale para cualquier aspecto de tu vida, pero llevado a tus amistades, dice que el 20% de tus amigos son los que realmente te aportan apoyo, frente al 80% restante. Dime una cosa, cuando a primeros del año pasado estabas buscando trabajo desesperadamente y estabas muy decaído, ¿cuántos de esos 200 amigos te apoyaron, alentaron y ayudaron?”.
Carlos reflexionó unos instantes y dijo: “Tienes razón, abuelo, los amigos que estuvieron conmigo no llegaron ni a ese 20%…. No se me había ocurrido pensarlo así”. Su abuelo le preguntó: “Entonces, ¿qué vas a hacer con la celebración?”. Carlos respondió: “Voy a reservar una mesa para todos mis amigos de verdad que estuvieron conmigo en “las malas”, para celebrar con ellos “las buenas”. ¡Muchas gracias por tus palabras!”
María Becerra
Psicóloga, Clínico EMDR